La 37ª Louis Vuitton America’s Cup es historia. Brillantísima. Barcelona ha respondido con creces a las expectativas, ha sido un éxito rotundo de organización y competición. Se podría decir también de participación pero vamos a esperar a que los organismos pertinentes den las cifras oficiales de impacto económico, asistencia y audiencia.
Con la victoria de los kiwis se han abierto varios escenarios para la sede de la 38ª edición. Lo más lógico sería que la Ciudad Condal repitiera si como se pretende los AC75 quieren volver al agua en dos años. Dejando al margen el factor económico, que pesará, y mucho, que Barcelona volviera a acogerla sólo tendría sentido si en este espacio de tiempo nuestro país es capaz de armar y presentar un equipo español con garantías. Si no, no tiene sentido repetir.
Algo se cuece, algo se mueve y no hablamos de un proyecto descabellado. El promotor, eso sí, debería adquirir el ‘pack’ de diseño como hizo el Orient Express francés con el Team New Zealand porque en dos años no se diseña, construye y pone en el agua un barco así.
Y, obvio, con las grandes empresas del IBEX mojándose como hicieron con el Desafío Español en Valencia 2007. ¿O es que al ser Barcelona y Catalunya no procedía?
Esta Copa América ha cubierto su presupuesto sin el patrocinio global (a última hora entraron un par pero en perfil bajo) de empresas punteras en Bolsa.
Las 1.500 familias que han vivido en Barcelona los dos últimos años repetirían aquí con los ojos cerrados. ¿Dónde van a estar mejor? ¿En Jeddah, a 38 grados.