Tom Cruise salva el adiós

Tom Cruise salva el adiós

El balonmano español puso el broche con un bronce a 18 medallas, lejos, todavía muy lejos de las 22 de Barcelona-92, con 13 oros. Y París dijo adiós a unos Juegos excelentes en lo deportivo, en los escenarios y en el público que abarrotó los lugares de competición. Biles fue reina, pero a medias. Marchand fue rey pero en el agua y Duplantis puso el mejor récord mundial. El nivel fue alto. EEUU barrió sin Rusia y empató a oros con China pero la superó en número de medallas (126 frente a 91), con Japón, Australia y Francia en el top cinco y España la 15. Las diez primeras superaron las 22 (más Canadá, la 12) y el olimpismo salió más fuerte de París, aunque con la sucesión del actual presidente Thomas Bach abierta en 2025, con Sebastian Coe en la carrera y a la espera de que el hombre fuerte, Juan Antonio Samaranch Salisachs se acabe postulando.

La ceremonia del adiós fue otro derroche de recursos, creatividad y simbolismo, pero volvió a ser larga en su conjunto. Mereció un aplauso el protagonismo de los deportistas (que no tuvieron en la de apertura) y el personaje dorado que bajó del cielo fue tan artístico como excesivo en el tiempo. El adiós lo salvó Tom Cruise en un relevo, eso sí, con demasiada música. Los Ángeles toma el testigo de los últimos Juegos en Europa hasta dentro de muchos años, con un notable nivel de organización y de competitividad y a la espera de que el espectáculo domine los grandes actos a lo Hollywood. Los discursos también fueron largos el día del adiós. Bach calificó los Juegos de “sensacionales” y, rebajando algo su parcialidad, tuvo razón. Solo las condiciones del río Sena fueron un problema grave en un calendario deportivo emotivo, competitivo y potente. Pasaron sin un apellido, pero con muchos nombres y para España significaron, seguramente, el momento de la reflexión después de hacer un buen papel sin cumplir las expectativas.

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