Más madridistas en el Al Awwal de Riad que en el Bernabéu y Bellingham animando a la grada, cual Cholo en el Metropolitano. Abrumadora y entusiasta mayoría de seguidores blanquioscuros, tan intensos que ignoraron el minuto de silencio por Beckenbauer, aunque su enemigo es Kroos, que criticó la incorporación de Gabriel Veiga al campeonato saudí. Orgullo y pasión. Se quedaron descolocados con el gol de Hermoso, regalo de la zaga merengue que Savic devolvió minutos después a Rüdiger. A raíz del empate el Atlético continuó petrificado atrás y no espabiló hasta el 2-1 de Mendy, contestado por Griezmann con una diana estelar.
En el intermedio, 2-2, gracias a Oblak que despejó a bocajarro el disparo de Rodrygo. El Cholo insistió con la defensa de cinco, imperfecta como de costumbre, con Savic, que resta más que suma, y reapareció con el “once” encerrado. Lo cual conlleva riesgos si además cuando el equipo contraataca lo hace con timidez, o andando, o da el último pase al adversario.
El marcador no reflejaba la diferencia de diez puntos que separa al Madrid del Atlético en la Liga: partido loco. El primero quería más y el segundo lo fiaba todo a que le volviera a sonar la flauta en un contragolpe, y sonó cuando en un centro de Riquelme se hicieron gol entre Rüdiger y Kepa.
Pero de inmediato empató Carvajal por la falta de contundencia defensiva atlética. En medio de la borrachera de goles y del odio a Kroos asomaba la prórroga, aliada merengue en estos derbis. Dominio absoluto del Madrid; el Atleti, embotellado, incapaz de salir de su área con el balón controlado y gol en propia meta de Savic, ¡horror! Para que el castigo fuera divino, Oblak subió a rematar y el que le remató fue Brahim (5-3). Carletto superó al Cholo.