Aceptando otras opiniones, la primera temporada de Lewandowski en el Barça fue francamente buena. Marcar 33 goles y dar otros 7 en un Barcelona que hizo del 1-0 (o el 0-1) su marcador-trampolín para ganar la Liga tuvo un enorme mérito, teniendo en cuenta que el polaco es de ese tipo de delanteros que necesita del ingenio del resto para exhibir su don rematador. El hincha culé de toda la vida ha disfrutado en etapas excepcionales de atacantes autosuficientes que se bastaban ellos solos para procurarse las ocasiones antes de probar su puntería. Ahí están los Romario, Ronaldo o el mismísimo Messi por citar sólo tres nombres capaces de idear, fabricar y poner la firma a sus propios goles sin encomendarse a nadie más que a su propia magia. Lewandowski está hecho de otra pasta goleadora a los citados, aunque por su calidad puntualmente también pueda sacar algún conejo de la chistera. Por eso, en este inicio de curso alguna de sus reflexiones sonaron a SOS. En traducción libre, algo así como “pongánmela y la meteré”. En su último año en el Bayern, 2021-22, hizo 50 goles, sí. Pero una clave es hacer un simple recuento de las cifras de asistencias globales de los que le rodearon: Müller (25)+Sané (15)+Kimmich (12)+Gnabry (9)+Coman (6)+Musiala (6)= 73. ¿ Y en su Año I Culé, 22-23? Contemos: Raphinha (12)+Dembélé (9)+Gavi (7)+ Ferran (3)+Frenkie (2)+Pedri (1)=34. Visto de otra manera, los primeros 33 goles de Lewandowski en Barcelona tuvieron más mérito que sus últimos 50 en Munich. Si el Barça aspira a algo en Europa, su 9 necesita asistentes.