El cierre de la ecuación

El cierre de la ecuación

En el verano del 2019, cuando Bartomeu volvió por apostar por el fichaje de Griezmann, justo un año después de que a través de un polémico documental producido por Piqué, el francés anunciase “la gran decisión” de continuar en el Atleti, los rojiblancos invirtieron los más de ciento veinticinco millones que había dejado en la caja el traspaso al Barça del internacional galo, en la llegada de un “minino” de diecinueve años, Joao Félix, que justo acababa de debutar con la selección de Portugal, después de sumar media docena de buenos partidos con el Benfica.

Inicialmente Simeone se había manifestado en favor de otro representado por el omnipresente Jorge Mendes, como era Bruno Fernández, centrocampista del Sporting que acabaría en el Manchester United. En las oficinas del Metropolitano Gil Marín le dejó bien claro al Cholo que la llegada de Joao era una cuestión estratégica del club dispuesto a dar un paso adelante, con una evolución más ofensiva en el juego del equipo.

Sin embargo, cuando empezó a rodar el balón, se pudo observar la manera tan diferente de entender el futbol entre el “mister” y la nueva estrella. Simeone continuó priorizando el sentido colectivo y Félix buscaba el lucimiento personal. Dos polos opuestos condenados a no entenderse. En el Camp Nou tampoco las cosas iban rodadas para Griezmann, que no encontraba el encaje entre Messi y Suárez. Viendo como se alejaba de aquel campeón del mundo con Francia que aspiraba a compartir mesa con Messi y Ronaldo.

Transcurridos dos años de rendimiento a cuenta gotas, se empezó a especular con la posibilidad de un trueque, algo que llegó a contemplar públicamente Laporta en su retorno a la presidencia, pero que los colchoneros no consideraron como una opción real, aunque Antoine volvió a vestirse de rojiblanco. Pero en el mercado de invierno del 2023 Joao aceptó marchar cedido al Chelsea, donde su rendimiento fue de más a menos, hasta desaparecer.

A su regreso el Atleti tenía un grave problema por resolver, con el jugador ofreciéndose a la posibilidad de vestir de blaugrana, a pesar del poco aprecio que tenía de Xavi, que le consideraba un futbolista consentido y sobre valorado. “Super Mendes” puso toda su influente maquinaria a trabajar para sacar a su “niño mimado” del entuerto y no pudo encontrar mejor aliado que Laporta, capaz de en un juego de magia que no hubiera mejorado ni el mago pop, se sacó de la chistera el aval personal que cubra las incorporaciones de Iñigo Martinez, Cancelo y Joao.

Cerca de sonar la campana del cierre de mercado, el Barça concluía la inscripciones pendientes, a cambio de desprenderse de tres valores de la cantera como Ansu, Abde y Eric. Por su parte aceptaba hacerse cargo de la ficha del delantero portugués, (seis millones netos antes de la ampliación de contrato), pero en cambio, deja para el Atleti el pago de la amortización de su fichaje.

Confirmando, aunque sea de momento por un año y como cedido, el perseguido truque entre Félix y Griezmann, de quien volvieron a recuperar la propiedad en el Metropolitano a base de dosificarle perversamente los minutos en el banquillo. En dos pésimas operaciones de las que todavía se arrastran sus consecuencias de una ecuación mal planteada en ambos frentes.

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