Los agoreros vienen pronosticando el cambio de ciclo desde la retirada de los grandes referentes de la generación del 80 pero la selección española no sólo no ha acusado su ausencia sino que ha alcanzado cimas impensables en los últimos años en la que casi no contaba en los pronósticos. Se ve que la presencia constante en la élite en las últimas dos décadas no es producto de una coincidencia de talento generacional sino de otros valores con los que la FEB, técnicos, jugadores y el basket español en general han alcanzado la excelencia.
A China 2019 llegó España como cuarta en el ranking FIBA de previsiones y acabó sorprendiendo a todos. Ahora a Indonesia llega en sexta posición, haciendo frente a las bajas pero con la misma fe en el método. No están ni Ricky ni Brown pero Aldama y Abrines añaden talento en otras posiciones. Sobre la capacidad de dominar el escenario táctico y psicológico del equipo de Scariolo nadie tiene dudas. Pese a las dos derrotas esperables en la preparación, el equipo ha competido a buen nivel y afronta el campeonato sin la presión propia del número uno del ranking.
Scariolo conversando con Alberto Díaz en un entrenamiento
Por tanto, yo no apostaría en contra de este equipo, precisamente por ese compromiso, por la química y la capacidad de sacar su mejor versión cuando es más necesario. Con ello ha gestionado las retiradas de sus referentes y con ello afronta nuevamente un futuro esperanzador por la llegada de más y mejor talento. Con ello no hay cambio de ciclo, pues, sino el ciclo constante de la excelencia.

