La última artimaña del emir

PANTALLA PLANAS

La última artimaña del emir

Qatar tenía hasta el último detalle perfectamente premeditado. En la final hubo una imagen que sintetiza el control y el poder del régimen catarí sobre la FIFA y el Mundial: cuando el emir Tamim bin Hamad Al Thani, acompañado por Infantino, le endilgó a Messi un ‘besht’, una especie de batín de tul negro y ribetes de oro, justo antes de levantar el trofeo. El único que lleva siempre el ‘besht’ en Qatar es el emir. Es la indumentaria que lo identifica como la máxima autoridad del país. El relato oficial es que el ’besht’ pretendía agrandar aún más la figura de Messi. Pero no. Es justo lo contrario. Qatar ha utilizado al mejor jugador de todos los tiempos para agrandar su propia imagen y la del emir. Pura propaganda por imposición con la complicidad de Infantino, convertido en marioneta del régimen. Infantino prohibió el brazalete de capitán One love porque lo consideró un mensaje político. En cambio, el ‘besht’ lo debe de considerar un inocente souvenir, puro folklore. Pero, sin ninguna duda, el ‘besht’ tiene un fuerte componente político y propagandístico.

Con la escena, en La1, Juan Carlos Rivero se limitó a decir que era el día nacional de Qatar, justificando el gesto. En Gol Mundial no daban crédito: “¿Era necesario esto?” preguntaba Álvaro Benito. Carlos Martínez añadía: “Hay que tener la foto con la camiseta. Esto no sé qué aporta. (…) Vaya marrón para Leo ponerse esa casaca, que supongo que tendrá un significado muy importante en la cultura catarí. Pero no sé si era el lugar”.

Ha sido la última artimaña del emir. La sorpresa final. Cuando las generaciones del futuro, dentro de medio siglo, recuperen la imagen histórica de Messi con el trofeo, no entenderán qué es ese tul negro que le cubre los hombros. Y en las explicaciones encontrarán la jugada maestra. Cuando el emir glorificó a Messi con la túnica, se glorificó a él mismo, porque también la llevaba puesta. Tamim bin Hamad Al Thani se equiparó al héroe del mundo, al ganador. Ahora, el mundo entero ya conoce el valor de ese batín. Con Infantino como secuaz, impidieron al mejor jugador de todos los tiempos lucir la camiseta de su país en el día más importante. El emir despojó a Messi y a toda una nación de su símbolo albiceleste para imponer el suyo. Así funcionan las dictaduras. Y así el mundo comulga con ellas.

La reina del mundo

Con la ausencia de Alberto Fernández, el presidente de Argentina, del palco del estadio de Qatar, el realizador del partido encontró un método curioso para compensar a los dos equipos. Cuando marcaba Francia, el realizador mostraba un plano de Macron. Cuando marcaba Argentina, la autoridad elegida era Antonela Roccuzzo abrazándose a su familia. Mientras en Francia ahora critican el exceso de protagonismo de Macron, en Argentina seguro que se sintieron bien representados.

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