Más de siete años de innumerables anécdotas han sido las que he tratado de plasmar cada semana en esta columna. Ahora, y por mi nuevo cargo en la Federación de Estados Unidos, no podré seguir compartiendo con vosotros este “rato” hablando y opinando sobre fútbol femenino. Todo empezó con el Mundial de Canadá en 2015 cuando España se clasificaba por primera vez. Durante estos años he sido una privilegiada al poderos explicar de primera mano todo lo que ha cambiado el fútbol femenino en nuestro país y en el mundo.
Quiero dar las gracias a todos mis lectores, porque sin vosotros no hubiera podido continuar cada semana, y por supuesto a los directores, subdirectores y compañeros de Mundo Deportivo. Santi Nolla, Joan Lanuza, Josep Artells y mi compañera de batallas y amiga Begoña Villarrubia. Gracias por apostar por el fútbol femenino y hacer visible desde hace mucho tiempo este deporte por el que pocos apostaban hace años y que en este, mi último artículo, por ahora, puedo decir orgullosa que dejo ni más ni menos al Barça femenino campeón de la Champions y a la Selección Española como favorita para ganar la Eurocopa 2022.
Esto no es un adiós, es un hasta pronto. El fútbol femenino es responsabilidad de todos. Yo seguiré siempre luchando por ayudarlo a crecer y visibilizarlo.