Alfredo Di Stefano, con aquel tono enfadado que le caracterizaba, solía decir a los que le querían escuchar sobre la temprana fuga de talentos futbolísticos: “En Argentina vendemos a los buenos para pagar a los malos”, sentenciaba la ‘Saeta rubia’. Salvando las distancias, esta sería la conclusión del relato inexplicable de la marcha de Messi al PSG. Desde que el jueves de la semana pasada, cumplidas las cuatro y media de la tarde, un whatsAAp del agente futbolístico turco, Bayram Tutumlu, advirtiéndonos sobre el alto riesgo de una salida precipitada del Barça del astro argentino, confirmada al cabo de poco más de tres horas por un improvisado comunicado oficial del club blaugrana, los acontecimientos se fueron precipitando a tal velocidad que no ha habido tiempo para digerirlos e interpretarlos de una manera acertada.
Después de un sinfín de contactos y llamadas, que en pleno agosto han hecho que el móvil sacase humo, uno tiene la sensación de que se nos oculta algo, detrás de un sinfín de buenas palabras. A pesar de que los dos protagonistas principales, club y jugador, parecen haber acordado un pacto de no agresión público, en lo privado los reproches se reproducen, sin que no haga falta la intervención del profesor Sebastià Serrano, experto en comunicación verbal, para entender que Messi y su entorno se sienten engañados por el Barça. Mientras, desde el club se alimenta la teoría que el padre del jugador, Jorge, tensó demasiado la cuerda con continuas exigencias económicas y para incorporar a determinados refuerzos con acento argentino, como era el caso del central del Atalanta, el Cristian Gabriel Romero, ‘el Cuti’.
Era el mismo día que el ‘clan’ Messi esperaba la llamada del club para firmar el nuevo contrato por cinco años, que les aseguraba 200 millones, para jugar solamente los dos primeros y completar el montante durante las tres restantes. Pero en vez de firmar el acuerdo ante el notario, el discurso optimista del presidente giró 180º y, por vez primera, le expresó al padre del futbolista la imposibilidad de rubricar el acuerdo. Jorge montó en cólera y le reprochó a Laporta el haberles utilizado durante la campaña para salir elegido presidente. “Lo de Messi lo arreglo con un asado”, llegó a decir Jan, que aprovechó todas las oportunidades para tirarle los tejos a Leo. Además, la directiva contaba con la ayuda de Alejandro Echevarria, una de las personas con mejor conexión con el 10, que ante el inesperado desenlace se siente utilizado y en fuera de juego.
Para no asumir el error había que buscar culpables y en el foco estaba la crítica situación que ha dejado en el club la gestión de la anterior junta. En tiempos de abundancia, Bartomeu fue demasiado generoso con las ‘vacas sagradas’ de la plantilla, que obtuvieron renovaciones fuera de mercado y con el agravante de que con los efectos de la pandemia el Barça ha dejado de ingresar 550 millones en los dos últimos ejercicios y nadie en el vestuario ha osado aceptar una rebaja para ajustar la masa salarial.
Mientras, por otra parte está Tebas, el presidente de la Liga, que a pesar de sus alegatos públicos asegurando que no habría excepciones, remó en favor de la continuidad de Messi, como uno de los mejores reclamos para la competición. Hubo, incluso, una comida en Lleida al que asistieron los Messi, Laporta, Tebas y Jaume Roures, en su doble papel de amigo íntimo del controvertido presidente de la Liga y avalista de la actual junta blaugrana. En el encuentro se le ofrecieron al astro todas las garantías para continuar jugando en España.
Todo parece atado, como lo certifica el brindis con champagne francés entre Laporta y Tebas, al final de una cena, destapada por Manel Pérez en La Vanguardia, en casa de Jan, para celebrar la adhesión del Barça a la entrada del fondo de inversión norteamericano CVC, que ha de servir para los clubs de balón de oxígeno para sus maltrechas economías a cambio de renunciar al 11% de los derechos televisivos durante 50 años. Es como marcar el gol de la victoria en la prórroga. Aunque finalmente, la baraja se rompe en mil pedazos cuando agrandado por el peso de los avales, el vicepresidente económico Eduard Romeu le afea el compromiso con CVC, que estaba a punto de firmar. A la vez que desde Madrid, Florentino Pérez le recuerda a Laporta que estar con Tebas es incompatible con formar parte de la Superliga europea.
El desenlace final se produce el miércoles, en que Messi era recibido con honores de mandatario en París, tras una negociación exprés de 48 horas, para ser presentado como nueva estrella del PSG, al tiempo que operarios del club retiraban de la fachada principal de la tribuna del Camp Nou la imagen del mejor futbolista de la historia del Barça, todavía sin saber por qué.