Michelle es una jugadora a la que siempre he admirado. La temporada pasada jugó en Chicago y ahora está en mi equipo. Es una jugadora atípica para la NWSL por su estatura y complexidad, una de esas jugadoras especiales que tienen un don en su último pase y además progresa muy bien para encarar portería.
Esta semana, antes del entrenamiento, cuando las jugadoras iban llegando, una vocecita empezó a oírse desde la puerta de las instalaciones: allí estaba Michelle Vasconcelos con su hija de menos de dos años, una réplica de ella pero en pequeña. La verdad es que esta situación me hizo pensar que en todos los años que llevo entrenado nunca había tenido la ocasión de entrenar a una jugadora que sea madre. Y en el equipo de KC hay dos. Amy Rodriguez es también mamá.
Para hacer más singular y adorable la situación, su hija iba completamente uniformada del Barça. Aquello fue uno de los momentos más entrañables que he tenido como entrenadora.
Michelle me explicó que les encanta Barcelona. Cuando supo que iba a ser mamá estaba pasando unos días en Barcelona, visitando la cuidad y el Camp Nou.
Qué bonito es ver que pueden compatibilizarlo. Ojalá esto fuera normalizado y pudiéramos ver cómo más jugadoras pueden seguir jugando después de ser mamás. Una experiencia nueva en mi carrera deportiva que me hace ver y poder vivir el lado más humano de las super estrellas de la NWSL.