Alba Vázquez, cuando una mínima europea es mucho más que eso
REPORTAJE MD
La campeona de España de 200 braza, de 200 estilos y de 400 estilos logró en el Open de Sabadell una luchadísima marca personal en la prueba larga tras reponerse a todo tipo de problemas en los últimos años


- Marta Pérez
Periodista
4:38.53. 4:38.53. 4:38.53... Resuena con fuerza en su cabeza desde aquel 20 de agosto de 2019 en Budapest. Alba Vázquez Ruiz (Huelva, 24-2-2002) se proclama campeona del mundo júnior de 400 estilos. Es historia de la natación española. Gana con marca personal. De hecho, clava la mínima olímpica para los Juegos de Tokio, aunque el evento no es clasificatorio para la cita japonesa. “Creo que se le dio más bombo que si hubiera habido algún resultado excepcional en el Mundial absoluto porque había hecho mínima”, recuerda Alba siete años después. “Lo que escuchaba era que ‘si ha hecho esto, imagina el año que viene’. Con diecisiete años entré en un bucle, porque ‘solo’ se trataba de repetir la mínima”, relata.
Aquella marca personal es la misma que mantiene en 2020, cuando una pandemia frena en seco su inercia. La misma que mantiene en 2021. La misma que mantiene en 2022, 2023, 2024 y 2025. Por muchas razones. 4:38.53. 4:38.53. Sigue resonando. Pero, entonces, llega el 7 de diciembre de 2025. Está en Lublin, en el Campeonato de Europa de piscina corta. Nada los 400 estilos. Firma un 4:32.56 que le da su marca personal en pileta de veinticinco metros, por debajo del 4:33.22 que ha marcado semanas antes en Barcelona. Aunque, sobre todo, conquista una plata europea. "Yo tenía la medalla colgada del cuello y pensaba que menos mal que había seguido", empieza Alba. "Porque yo hace un año iba a dejar de nadar", confiesa. Porque, al final, el 4:38.53 resonaba demasiado fuerte.
Pero se acabó. Nada de dejar de nadar. Es subcampeona de Europa. Con esa etiqueta llega a Sabadell, un 13 de marzo de 2026. Está en el mejor momento de su carrera. Final de los 400 estilos del Open. Alba Vázquez llega a la pared. Levanta la cabeza. Mira la pantalla de los tiempos. Empieza a llorar desconsoladamente. Como tantas veces antes en los últimos años. Pero esta vez es diferente: es de alegría. Se acabaron las voces. Nueva marca personal: 4:38.16. “Ahora sí que está hecho”, celebra tras un camino muy complicado hacia esas soñadas treinta y siete centésimas. Es campeona de España de 200 braza, 200 estilos y 400 estilos en Can Llong. Pero el objetivo estaba en la prueba larga.
Porque detrás de sus lágrimas hay mucha lucha, mucha insistencia, mucha voluntad de querer superar todos los golpes una y otra vez. Muchas caídas, muchas lecciones de lo que es el deporte: mucho deseo de intentarlo una vez más. Siempre la penúltima. Porque al final la recompensa llega. Después de siete años de reveses, de lesiones, de problemas de salud, de cambios, de apuestas personales, de trabajo, de trabajo y de trabajo, de mucho trabajo y a todos los niveles, todo llega. Hay veces en las que una marca es más que una medalla, más que un título nacional o más que una mínima. Hay veces en las que unas lágrimas un día cualquiera en un Open cualquiera pueden resumir mejor que nada lo que significa no rendirse nunca.
Todo el mundo daba por hecho que tenía que hacer la mínima olímpica porque ya había nadado en ese tiempo y yo afronté el proceso como algo que podía perder. Esa mentalidad hizo que yo me llevara muchos disgustos entrenando, nadando, compitiendo. Le llegué a coger miedo a la prueba
Todo tiene un inicio. El de Alba Vázquez fue aquel título mundial júnior, ganado con ese 4:38.53 que, además de valer el título universal, calcaba la mínima olímpica para los Juegos de Tokio. Eso sí, a Alba no le valía, porque la clasificación debía lograrla en la temporada siguiente. "Todo fue la presión interna y externa. Todo el mundo daba por hecho que tenía que hacerla y yo afronté el proceso como algo que podía perder", se abre Alba. "Cuando lo afrontas así, obviamente, no sale", sigue. "Esa mentalidad hizo que yo me llevara muchos disgustos entrenando, nadando, compitiendo. Le llegué a coger miedo a la prueba", confiesa. "Lo he trabajado mucho, pero incluso hoy sigo poniéndome muy nerviosa. Es una prueba con mucho impacto en mí, porque durante muchos años me he tirado y he salido llorando cada vez", añade.
Un sinfín de problemas físicos y un enorme trabajo mental
Quizá tuvo que ver en ello que, cuando Alba Vázquez empezaba a despegar con su gran marca en el Mundial júnior, una pandemia parara el mundo. "Se juntó todo un poco. Yo pasé a edad absoluta ese año, la pandemia, el sentir que la marca que había hecho era fácil cuando obviamente no lo era... Cogí COVID primero, cogí mononucleosis después...", recuerda. "En ese momento yo no entendía por qué estaba sucediendo todo eso", explica. Alba se plantó en el Open de 2021, clasificatorio olímpico, nada más superar el coronavirus. "Lógicamente, no salió. Yo había pasado el COVID de forma asintomática, pero me dejó destrozada", recuerda.

En aquella época, Alba entrenaba con el grupo de Xavi Casademont en Málaga, el mismo con el que había tocado el cielo del mundo júnior. El coronavirus pasó, pero cuando Vázquez creía que ya podía recuperar su máximo nivel, algo no acababa de funcionar. "Hicimos pruebas y revelaron que había pasado también una mononucleosis entre el COVID y 2022", cuenta. "El no poder estar físicamente me hizo pasarlo mal mentalmente. Estuve unos seis u ocho meses en los que le cogí miedo al 400 estilos, porque a mitad de la prueba veía que mi cuerpo no daba para más", recuerda. "Lo pasaba muy mal en la braza y en el crol y encima sabía que el tiempo no iba a dar. Salía llorando cada vez y uní la prueba al llorar. No quería nadarla", confiesa.
Pero sí que quería buscar una solución a sus miedos. “Estuve con psicólogos y decidimos nadar otras pruebas para enfocarlos. Me puse a nadar más 200 braza y a hacer otros 200”, recuerda. “Lo trabajamos mucho. Incluso le hice una carta al 400 estilos cuando dejé de nadarlo para expresar cómo me sentía”, sonríe ahora. “Es que, si no hubiera tenido esa presión, no le habría cogido ese miedo a la prueba. Pero fue un proceso muy largo”, dice.
Era una presión general que ella misma sentía, pero que se manifestaba en el 400. “La primera vez que me tiré a un 400 estilos tras seis meses sin nadarlo… Por la mañana sabía que me iba a tirar suave, pero por la tarde, en la cámara de llamadas, podría haber vomitado perfectamente del pánico que tenía”, confiesa. A base de insistencia, de luchar contra sí misma, Alba fue nadando el 400 estilos una vez. Dos. Tres. Cuatro. Cinco… “Considero que me salió rentable ese proceso porque al final lo fui superando y volví a coger el gusto a nadar esa prueba”, dice. “He estado tantos años tan tensa que se me hace muy raro no tener esa tensión en el cuerpo”, recuerda.
Asentado y superado ese paso de volver a nadar su prueba, Alba volvió a la selección. Estuvo en el Europeo de Budapest 2021, aunque no en los Juegos. Estuvo en el Europeo de 2022, aunque no en el Mundial. Quizá había que probar algo nuevo para tratar de dar un paso más en busca de marcas. “Me moví de Málaga en 2022 después del Europeo de Roma. Yo no quería irme porque yo estaba contenta con Xavi. Era verdad que llevaba tres años con él en los que no había mejorado mis marcas, pero es que los registros personales los había hecho con él. Si me había ido bien, ¿qué sentido tenía moverme?”, explica Alba.
La primera vez que me tiré a un 400 estilos tras seis meses sin nadarlo… Por la mañana sabía que me iba a tirar suave, pero por la tarde, en la cámara de llamadas, podría haber vomitado perfectamente del pánico que tenía
Lo pensó y acabó mostrándose abierta a esa posibilidad. “Desde la RFEN sí me recomendaron probar un programa nuevo de entrenamiento. Yo decidí que según lo que pasara en Roma. El día del 400 estilos del Europeo acabé llorando en Italia porque yo no me quería ir, pero creía que podía venirme mejor. Al final me terminé yendo con Rob y me va bien ahora”, cuenta.
El CAR de Madrid y Rob Greenwood acogieron a Alba Vázquez. “El programa es totalmente distinto. Rob hace unos entrenamientos muy especializados, pero mi objetivo seguía siendo el 400 estilos”, confiesa. “Quería estar en París”, dice. No lo logró. “Los primeros años fueron buenos. Hicimos un 4:40 en los ‘trials’ que era lo más rápido que había hecho desde el 4:48”, cuenta. “Era la segunda vez que me quedaba fuera y yo sentía que estaba nadando mejor. Yo entrenaba mejor que en 2019 y no entendía por qué me costaba tanto acercarme a esas marcas que había hecho entonces”, explica.
Quizá, en ese periodo, había una razón poderosa que lo explicaba. Una semana después, Alba Vázquez se sometió a una analítica. En ella, las transaminasas, unas enzimas del metabolismo hepático, aparecieron con una cantidad más elevada de lo común. “Suelen estar en 30-50 unidades por litro en la sangre y yo estaba en 1200 una semana después del Open. Supongo que algo influyó, no sé si para que no hiciera la mínima”, explica. Tuvo que dejar de entrenar mientras se determinaba qué le sucedía para no tener riesgos de salud. Pero ello no evitó más problemas. “A la siguiente temporada me detectaron una hepatitis”, recuerda. Los problemas tenían nombre y apellidos y solo faltaba recuperarse.

“El cuerpo no me respondía. Está muy bien eso de que la cabeza manda más, pero es que el cuerpo no me daba. Fuimos a Ginebra el año pasado después de que me cambiaran la medicación y me encontraba fatal. Ni con el COVID, ni con mononucleosis ni nunca me había sentido así”, explica. “No quería dejar de nadar, pero me planteé dejar de competir”, sigue. Decidió darse una oportunidad más. Fue mejorando. Los tiempos no bajaban, pero las sensaciones crecían. Poco a poco, evolucionó hacia una mínima mundialista de cara a Singapur que confirmaba su recuperación física total. Allí las cosas no salieron, pero… “En una temporada en la que casi dejé de nadar, tras entrenar bien solo tres meses… Si con tres meses estaba en el Mundial, la 2025-2026 solo podía ser mejor”, cuenta Alba.
La recompensa a la perseverancia
Dicho y hecho. Hace tres meses, Alba Vázquez se proclamó subcampeona de Europa de 400 estilos en piscina corta. Tras media vida de lucha para encontrarse bien en las piscinas, ha logrado la continuidad de entrenamientos que tanto estaba buscando. "La piscina corta es algo que a mí no se me ha dado bien nunca. Fue como pegar un salto en esa parte que no se me daba tan bien. Quería practicar algunos aspectos de cara a la piscina larga, como los virajes, y al final supuso la vuelta a un puesto de podio internacional", celebra.
No sin sufrimiento. “Es que mi espalda…”, dice entre risas. “Muy bien me tienen que salir la braza y en el crol”, sigue bromeando. Lo cierto es que en esos 400 estilos Alba salía muy arriba en las listas de inscripción. Pero la mentalidad ya es muy distinta a la de los primeros años. “Entonces me habría provocado más expectativas y más presión, pero esta vez lo veía cómo una oportunidad para ganar algo. Desde la hepatitis lo veo así. Una vez te has planteado el dejar de nadar, todo lo que viene después es algo que ganas”, reflexiona. “No tengo nada que perder”, comenta. “Si yo solo iba a hacer los 200 braza en Lublin, así que no lo veía igual. ¡Rob estaba más nervioso que yo!”, dice.
Mi estancamiento era la marca personal del 400 estilos. Ahora sí que está hecho. La Alba de hoy va a confiar más que la Alba de hace un año. Me faltaba quitarme esto
Es algo que va a intentar llevarse. “En el 400 estilos en piscina larga aún me cuesta no presionarme. En el 200 estilos en Sabadell estaba muy tranquila, pero en el 400 no”, explica. Porque tenía una medalla europea en piscina corta, porque tenía una marca personal en piscina corta, porque era feliz de nuevo nadando. Pero le faltaba algo. “Mi estancamiento era la marca personal del 400 estilos. Ahora sí que está hecho”, dice con una sonrisa de oreja a oreja. “Ya no era la mínima, era el 4:38.53”, reconoce.

No es para menos. Todo llega. Más aún cuando se lucha de la manera en la que ha peleado Alba Vázquez. “La Alba de hoy va a confiar más que la Alba de hace un año. Me faltaba quitarme esto”, celebra. “Yo quería la marca personal, me daba igual ganando que en la final C”, sigue. “Han sido muchas veces machacándome cada día, compitiendo, nadando el último largo con la esperanza de ver la marca. Llegando a meta y viendo un 4:41, un 4:42, un 4:43…”, explica.
Seis años y medio después, las voces se han callado. Alba Vázquez tiene su segundo sub4:40. Tiene al fin su ansiada marca personal. Puede dar el siguiente paso. “Me gustaría pelear por las medallas en el Europeo. Lo peor que puede pasar es que no pase”, cuenta. Porque la Alba Vázquez de 2026 no solamente ha progresado a nivel de marcas con respecto a la de 2019. Se lleva la seguridad de que, con trabajo, a pesar de las dificultades, a pesar de los reveses, al final todo es posible. Por ello, a veces, una mínima europea es mucho más que eso.


