La gran transformación de Abril Conesa

REPORTAJE MD

Integrante años atrás de la selección española de natación artística, con la que subió a podios mundiales y europeos y con la que viajó a los Juegos de Tokio, ha dado el salto a la natación, con pruebas de fondo y travesías de aguas abiertas como especialidad

Abril Conesa entrena como nadadora del primer equipo en el Club Natació Sabadell

Abril Conesa, de medallista mundial y europea en natación artística a nadadora de fondo y de travesías de aguas abiertas

Instagram de Abril Conesa

Veinticuatro años, doble medallista mundial y doble medallista europea en natación artística. Pero ya ha pasado casi año y medio desde que Abril Conesa anunció su retirada. Su retirada de la ‘sincro’, pero no de la competición. "Acabo de hacer la Radikal ocean52 y ha sido la última travesía del año", cuenta. 

Abril Conesa ha pasado de ser olímpica en los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 en natación artística a convertirse en una de las grandes referentes del circuito catalán de travesías, en aguas abiertas. Con una trayectoria en ‘sincro’ con formación en el Club Natació Granollers y con una parte final en el Club Natació Sabadell, ha sido en este último donde ha asumido el desafío en los últimos meses de integrarse como una nadadora más de su primer equipo en busca de estímulos que hace unos años ni siquiera podía imaginar.

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Porque Abril no solamente ha cambiado las figuras por el nado, sino que además ha visto que es la larga distancia lo que le hace feliz. “Muchas veces cuando hacía ‘sincro’ e iba a la Radikal, mis compañeras me decían que era el día del año que más feliz me hacía. Así que decidí probarlo”, dice alegre. "En la Radikal fue la primera vez que nadé 7 kilómetros. Hacía la prueba de 3,5 cuando estaba con el equipo nacional, porque solíamos ir. Así que me dije que, ahora que soy nadadora de verdad, había que doblar, aunque muriera en el intento”, estalla a carcajadas. De morir, ni hablar: Abril terminó cuarta, un gran resultado más en su trayectoria en mar abierto.

Todo ha tenido un proceso. Un proceso de formación para la ‘sincro’, un proceso de realización, un proceso de búsqueda de nuevos estímulos y un colofón de un cambio tan radical como el nombre de la travesía que acaba de nadar. “Yo entré con trece años en el Centro de Tecnificació d’Esplugues. Estuve tres años haciendo natación artística en el equipo de la Federació Catalana y a los diecisiete entré en el equipo nacional. Era mi sueño desde muy pequeña y lo cumplí justo antes de soplar las velas de la mayoría de edad”, dice Abril, sonriente. 

Fue miembro del equipo español de natación artística desde los diecisiete hasta los veintitrés años. Participó en varios Mundiales (dos bronces en ‘highlight’), en varios Europeos (una plata y un bronce) y acudió con el equipo a los Juegos de Tokio. “Fue bastante duro ese año del COVID. Parecía que no había un mañana con el no aplazamiento, así que con él ganamos un año para sobreponernos”, recuerda.

“Llegó un momento en 2023 en el que pensé que la ‘sincro’ empezaba a restarme en cuanto a lo feliz que me había hecho. Físicamente me encantaba, pero psicológicamente estaba al límite. Y siempre me había llamado la atención la natación”

Tras 2021, Abril continuó. Fue con el equipo al Mundial de Budapest 2022 para colgarse el bronce en ‘highlight’. Objetivo cumplido. ¿O no? “Llegó un momento en 2023 en el que pensé que la ‘sincro’ empezaba a restarme en cuanto a lo feliz que me había hecho”, reflexiona Abril. “Físicamente me encantaba, pero psicológicamente estaba al límite”, reconoce. Había que buscar una solución. Quizá la de mantenerse en su hábitat natural, el agua, pero con una nueva motivación podía ser la salida.

“Siempre me había llamado la atención la natación”, explica Abril. “Me organizaba siempre para hacer la Radikal, conocí a gente del staff técnico y me gustaba ir a Llafranc a nadar con ellos. Cuando veía la natación en los mundiales, pensaba que de haber tenido otra vida hubiera sido nadadora”, explica. Esa idea no se le iba de la cabeza en un 2023 en el que no lo estaba pasando bien. A inicios del mes de mayo, Abril Conesa decidió darse el tiempo que necesitaba para pensar: anunció su retirada de la natación artística y se centró en acabar la carrera, la cual ha podido seguir de dos másters. “Me di cuenta de que había cumplido el objetivo de ir a unos Juegos, de que no podía más. Pero también de que tenía otras motivaciones”, explica.

Abril Conesa (cuarta por arriba a la izquierda), con el equipo español de natación artística en una de las Copas de Europa disputadas en su carrera (en este caso, en 2019)

Abril Conesa (cuarta por arriba a la izquierda), con el equipo español de natación artística en una de las Copas de Europa disputadas en su carrera (en este caso, en 2019)

RFEN

El agua había pasado de convertirse en su medio de trabajo a otorgarle la posibilidad de sentirse libre nadando. “El 17 de abril de 2023 dejé el equipo nacional y dos semanas después estaba nadando a las órdenes de ‘Casti’ y de Aschwin (Wildeboer) en el Sabadell, que tenía como preparador físico a Óscar Domínguez, el mismo que teníamos en el equipo nacional. Fui a probar, simplemente, porque era mi club y todos me abrieron las puertas para hacer otros deportes. Así que acabé enrolándome en el primer equipo de natación e incluso he hecho triatlones”, detalla Abril, centrada ahora en las travesías. Porque desde el primer momento se sintió cómoda nadando.

Mismo medio, distinta preparación

Abril Conesa pasaba de ser nadadora de artística a ser nadadora con todas las de la ley. La piscina seguía siendo su medio de vida, aunque encarada a la preparación para travesías como la MARNATON, la Radikal o incluso alguna en Madrid. “No soy una crack, ni mucho menos, pero vuelvo a tener ilusión por entrenar”, dice, feliz. 

Tanto es así que incluso está probando nuevos estímulos. “Este año me han tirado a todo, de 50 a 400 libre. Incluso he probado el 50 espalda y me han dicho que se puede potenciar”, explica. Pero son los 400 libre la distancia a la que mejor parece haberse adaptado y hay una razón para ello: la duración de las prueba por equipos de natación artística en las que Abril participaba se situaba entre los 4:20 y los 4:30 minutos, un tiempo muy similar al que invierte en esta prueba. Incluso no se cierra la puerta a probar en 800 y en 1500 libre.

"Al principio me parecían pocas horas de entrenamiento en la natación, pero son muchísimos metros. Es algo nuevo para mí, con una aplicación de fuerza diferente, con mucha más potencia del tronco superior e incluso la patada de braza totalmente contraria a la de 'sincro'"

Su día a día sigue en la piscina, pero ha cambiado. “En ‘sincro’ entrenaba ocho horas seguidas, con una hora para comer. Eran entrenos mucho más intensos, aunque también hay horas que no son tan productivas porque estás creando. En la natación estoy a tope por la mañana y luego un par de horas más y gimnasio. Al principio me parecían pocas horas, aunque son muchísimos metros”, explica. “Lo bueno es que es nuevo para mí y que ya tengo sensaciones previas en el agua. Pero la aplicación de la fuerza es diferente, porque en ‘sincro’ son movimientos intensos, robóticos, explosivos. Eso hace que me cueste ir relajada aquí y eso es en lo que más me están insistiendo los entrenadores”, cuenta Abril.

La preparación física tampoco es la misma, aunque siga siendo con Óscar Domínguez. “La ‘sincro’ es un deporte estético, así que puedes hacer gimnasio pero no te tienes que poner muy fuerte, porque por desgracia eso se valora”, explica Abril. “Los ejercicios son similares, pero ahora potencio muchísimo más el tronco superior porque ahora sí necesito ganar músculo”, detalla. El trabajo de piernas también es diferente. “En artística la propulsión es hacia abajo y aquí hay más trabajo aeróbico. Por ejemplo, me ha costado mucho adaptarme a la patada de braza porque es como la patada de ‘sincro’, pero con el movimiento totalmente contrario. Me pasé dos meses haciendo la patada al revés”, dice con más risas.

No ha sido lo único que ha tenido que aprender. “He tenido que trabajar la capacidad de reacción, porque en ‘sincro’ te tiras de cabeza de forma muy elegante a la piscina y aquí lo tienes que hacer de forma explosiva. Allí escuchas música y luego te mueves, mientras que aquí te lanzas de inmediato”, explica Abril. “Pero tengo que seguir trabajándolo. También cambia el hecho de estar sola en el agua. Eso me transmite más calma”, dice. 

Abril Conesa estuvo en los Juegos de Tokio como nadadora de artística, pero ahora se desenvuelve en aguas abiertas

Abril Conesa estuvo en los Juegos de Tokio como nadadora de artística, pero ahora se desenvuelve en aguas abiertas

Club Natació Granollers

A pesar del cambio de condiciones, con competición junto al equipo en artística mientras ahora está sola contra el cronómetro, eso no ha supuesto un gran cambio para Abril. “Al final entrenamos todos juntos y mejoras gracias a tus compañeros, que te están animando mientras compites. Nunca me he sentido sola en ese sentido”, explica.

Una nueva motivación

Ese ambiente de equipo ha empujado poco a poco a Abril a sentirse plenamente integrada en su nuevo deporte. “Al principio lo hacía para disfrutar, como refugio cuando dejé el equipo nacional. El deporte me hace muy feliz y he encontrado un equipo en el que piden disciplina y que en ello es similar al del CAR. Este año ya estoy con dobles sesiones muchos días y me he marcado objetivos, como el de hacer las mínimas para el Campeonato de España”, explica. Su tesón ha sorprendido incluso a sus compañeros. “Les chocó pasar de verme con el equipo de ‘sincro’ a tenerme con ellos dos semanas después. Pero siempre me apoyan, me corrigen e intentan transmitirme su experiencia con sus consejos. Me han acogido muy bien”, cuenta.

"Me he planteado el objetivo de hacer las mínimas para el Campeonato de España, pero no uno concreto en aguas abiertas. Lo que quiero es dejarme guiar por los entrenadores para mejorar en técnica, en explosividad y en velocidad"

A algunos de ellos, como a Ferran Julià, su pareja, les conoce desde su etapa en el CAR. “Me corrige la posición de la cabeza, los virajes, la soltura en el agua, la posición de los brazos. “Lo que sí que me pasa es que pienso muchas cosas nadando y se me hace raro”, dice entre risas Abril. “Pero estoy disfrutando mucho de este ambiente, como vi en la Radikal. Allí, especialmente, fue algo muy familiar, muy cercano. Todo es como salir de la rutina sin parar de entrenar”, expresa.

A otras compañeras también las conoce desde hace tiempo y ha sufrido con ellas desde la distancia durante el verano. “La medalla olímpica que han logrado es el trabajo de muchos años. Hemos ido haciendo crecer el equipo desde que no nos clasificamos para Río. Estuvimos en Tokio y sé que ha habido mucho trabajo detrás, mucho sufrimiento. Una medalla tiene un trabajo brutal y he sentido muchísimo orgullo, satisfacción”, dice. “Fui a ver competir a Ferran y fue emotivo entrar y ver la piscina llena cuando mi experiencia de Tokio fue con la piscina vacía. Ha sido otro punto de vista y estoy muy orgullosa de que mis compañeras hayan conseguido su objetivo”, dice feliz Abril.

¿Y cuál es el suyo ahora? “Realmente no me planteo objetivos en aguas abiertas. No me planteo el Campeonato de España ni nada. Más bien, a nivel de piscina”, explica. “Pero lo que quiero es dejarme guiar por los entrenadores para mejorar en técnica, en explosividad y en velocidad”, explica. El Campeonato de España de piscina corta (del 14 al 17 de noviembre) es su primer gran reto para seguir progresando. Es la única idea que hay en su cabeza: mejorar. Pero Abril Conesa es consciente de que la gran transformación que ha vivido en la piscina durante los últimos meses solo valdrá la pena si logra su objetivo principal: seguir disfrutando y ser feliz.

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