El enésimo baile de Jessica Vall

REPORTAJE MD

Desde aquel Mundial inicial de 2013, este es quizá el más inesperado para ella: el de Budapest 2022 es el quinto evento universal de la barcelonesa, una cifra muy pocas veces lograda en la natación española 

"Tengo ganas de vivirlo como el primero", dice, consciente de que puede ser el último

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Jessica Vall

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“Tengo muchas ganas porque para el primer Mundial me clasifiqué en 50 braza y para este, que quizás sea el último, también en 50 braza”, cuenta sonriendo, aunque sin saber si será el cierre perfecto de la rueda o, simplemente, un giro más. Uno de tantos, porque ya han pasado nueve años desde su primer Mundial. Aunque Jessica Vall, a sus 33, ha reiterado esta temporada que ya está combinando otras facetas profesionales con la natación.

La suya es una carrera larga en la primera línea. El de Budapest 2022 es su quinto evento universal consecutivo, tras los de Barcelona 2013, Kazán 2015 (fue bronce en 200 braza), Budapest 2017 y Gwangju 2019. En la natación española, tan solo Erika Villaecija (seis consecutivos entre Barcelona 2003 y Barcelona 2013), Mireia Belmonte (seis totales, de Melbourne 2007 a Gwangju 2019 con la excepción por lesión de Kazán 2015, los séptimos para los que ha obtenido la clasificación) y Marina García (cinco totales, de Roma 2009 a Kazán 2015 y Gwangju 2019) han disputado cinco Campeonatos del Mundo.

El de este año, eso sí, no es uno más para Vall. Ha logrado la clasificación más atípica de su carrera, más allá de aquella irrupción en la élite antes de Barcelona 2013. Jessica obtuvo la mínima de 50 braza en el Open, como en aquel campeonato. Lo hizo tras llegar con menos expectativas que otros años, como en aquel campeonato. En esta ocasión, por estar combinando trabajo y entrenamientos durante la temporada. “He ido un poco estresada. Es difícil compaginarlo, pero tengo que estar superagradecida a las dos personas que llevan mi vida deportiva, Jordi Jou, y empresarial, Rodrigo de Siquer", dice. "Ven más allá del ahora. Saben que es un momento difícil, pero que tengo que vivir para estar en paz conmigo misma. Me ayudan muchísimo a la hora de compaginarlo todo", explica.

Tenía claro que después de los Juegos de Tokio quería dar ese paso para abrirse otra vía más allá de la natación, una necesidad repetida para los olímpicos españoles en la pasada cita olímpica. "Me he ganado durante un tiempo, gracias a mis resultados, estar dentro del plan ADO y este ha ayudado mucho a seguir una preparación para seguir nadando", explica Jessica. Pero el sistema tiene unos riesgos que empujan a buscar alternativas. "En el momento en el que no estás en él o en el que la RFEN no apoya tu plan de entrenamiento, dependes de los clubes. Estos no tienen tantos recursos para que puedas profesionalizarte. Durante unos años lo he podido hacer y me dedicaba exclusivamente a esto y he intentado cumplir con mis responsabilidades cien por cien”, dice satisfecha, consciente del sistema.

"Sabes que si no haces una marca, estás fuera de la rueda. Pero esto es deporte y el deporte a veces es así de injusto. Mientras haya unos criterios y se cumplan, las normas están escritas"

Habituada a cumplir con los criterios de selección, Jessica sabía que esta temporada, con un ritmo de entrenamiento menor por esa vida laboral, la posibilidad de quedarse fuera de las grandes competiciones era mayor, lo que entraña unos riesgos. “Sabes que si no haces una marca, estás fuera de la rueda. Pero esto es deporte y el deporte a veces es así de injusto. Mientras haya unos criterios y se cumplan, las normas están escritas", dice Vall. 

Gran parte de la supervivencia de muchos nadadores depende de cumplir esas normas para estar en el equipo nacional. "Lo que es difícil es volver a entrar en el círculo de los recursos cuando caes de un campeonato. Pero así es para todos. Todas las medallas y todo el palmarés que has podido conseguir se echan a un lado”, reflexiona Jessica. En su caso, al menos, habría tenido consecuencias a nivel personal. “No sé cómo hubiera planteado el haber caído de ese círculo. Creo que no habría enfocado como una obligación el volver a estar ahí", reflexiona. "Al final lo que tienes que ver es que te gusta nadar y competir. Un resultado puede salir bien o mal y el tener o no ayudas no debe afectar en la autoestima o en considerarte mejor o peor nadador. Eso es algo que tienes que llevar dentro”, explica.

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Jessica Vall afronta en Budapest su quinto Campeonato del Mundo de piscina larga

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En su caso, con el grueso de su carrera ya a las espaldas, quizá la repercusión de no lograr las mínimas ahora hubiera sido menor. Vall tiene claro que tampoco hubiera sido un impedimento en el camino a Tokio, en el que sí habría dedicado todo su esfuerzo para regresar. "Desde Río tenía muy claro que quería ir a Tokio. Si hubiera fallado para algún campeonato, no hubiera adelantado lo de ahora, sino que habría intentado hasta el final ir a Tokio. Era una especie de contrato apalabrado con Jordi, el entrenar para ir a Tokio”, reflexiona.

Otro Mundial y una reivindicación

La convicción total de querer estar en los Juegos se ha tornado en más incertidumbre en este año post-olímpico. La posibilidad de no ir al Mundial siempre ha estado ahí para Jessica, incluso después de lograr la mínima de 50 braza en el Open. “Sí me he planteado después del Open no ir al Mundial", expresa con gesto más serio. Más allá de esa compatibilidad laboral, otra razón lo explica. "Se da en el momento en el que sé que no cuentan con mi entrenador para el Mundial. Eso me duele. He preguntado por qué no estaba. Había unos criterios y no lo entiendo. Es algo que tengo que aceptar, no puedo lucharlo. Estoy en otra liga y ya me han dejado cómo van a ser las cosas”, dice.

Finalmente, Jou no viaja a Budapest, pero sí lo hace Jessica. "Es un Mundial un poco raro de fechas. Tengo ganas de vivirlo como viví el primero", explica. Habrá un cambio significativo con respecto a aquel de Barcelona 2013: un equipo mucho más reducido. "Sé que no va a ser igual porque el equipo de 2013 era increíble. 'Casti' hizo un equipo de entrenadores detrás con el que nos sentíamos imparables. Pero quiero vivirlo con la misma ilusión y la misma inocencia", explica. "Creo que no llego con responsabilidad porque me he ganado lo que tengo y no tengo que demostrar nada. Voy a intentar hacerlo lo mejor posible y que sea lo que dios quiera”, avisa.

"Tengo ganas de vivir el Mundial como viví el primero. Espero nadar durante mucho tiempo, pero sé que el deporte en algún momento se acabará"

Sabe que ahora la necesidad de ir año a año será mayor que nunca. Y que, con su situación, su mañana en la natación es lejano. “Me siento muy agradecida porque durante un tiempo no me ha hecho falta trabajar y he podido dedicarme a esto. Pero no es un salario para vivir de rentas, sino que necesitas tener una experiencia laboral para luego salir a trabajar", dice. "Por ello estoy haciendo esa transición de seguir nadando y seguir disfrutando, pero a la vez encarar mi terreno profesional. Espero nadar durante mucho tiempo, pero sé que el deporte en algún momento se acabará y tengo que tener algo a lo que aferrarme”, explica.

Por eso, Jessica prioriza el ahora, un Mundial en el que nadará las tres pruebas de braza. Será quinto evento universal en piscina larga de su carrera, nueve años después de lucir esa condición por primera vez y con una larga y exitosa trayectoria ya a sus espaldas. Con el Europeo de Roma de agosto también marcado en el calendario, es consciente de que cumplir los criterios de clasificación para grandes campeonatos va a ser una exigencia cada vez mayor. Con el deseo de intentar competir al máximo, aunque consciente de sus objetivos, Jessica tiene claro que solamente el tiempo determinará cuál es su último baile. Pero, por si acaso, quiere disfrutar el de Budapest como si fuera el de su debut.

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