El Sevilla se ha habituado a una crisis que cuesta entender desde fuera. Que un club haya pasado de clasificarse cuatro temporadas consecutivas para la Champions a pelear por la permanencia, que haya tenido durante años la cuarta plantilla más valorada de LaLiga a no poder alinear a los últimos fichajes por no poder inscribirlos (Iheanacho ante Las Palmas y Barco frente al Mallorca ) llama muchísimo la atención, pero en el proceso de degradación de la sociedad entran en acción muchos factores que han ido erosionando y carcomiendo los cimientos de un equipo que una vez fue campeón y referencia en Europa y que va camino de cumplir su tercera temporada en crisis y luchando por la permanencia.
El proyecto de García Pimienta, tras su derrota ante el Girona, se va al primer parón liguero en puestos de descenso, con muy malas sensaciones y penúltimo con sólo dos puntos y sin ninguna victoria.
Las causas de todo se pueden plantear y analizar desde muchos niveles. Primero, desde el más alto, con una guerra accionarial que enfrenta a Del Nido padre, máximo accionista, con su hijo, al que él mismo llama “presidente ilegítimo”. El club lleva años judicializado, en una especie de situación de interinidad en el aire que acaba calando en la epidermis de todos los estamentos. La afición pide ya la dimisión de Del Nido Carrasco y compañía por sistema, en cada partido. Le recriminan a él, a Castro y al resto de accionistas que lo apoyan la rebaja de unos sueldazos indecorosos en plena crisis económica que se han sufrido empleados de toda la vida, como el técnico que, entre otros talentos, descubrió y captó a Ansu Fati. Todo mientras el club, sin ingresos ya por competición europea, suscribe sin consultar a la Junta un crédito de 108 millones a pagar a 10 años que se suma a otro de 127 contraído con el fondo CVC con pago a 50 años.
El adiós de Monchi
Vayamos bajando escalones. La abrupta salida de Monchi, el artífice de todos los títulos que ha acumulado el Sevilla en este siglo (11 entre europeos y nacionales), también dejó en el aire una guerra civil entre el gaditano y los actuales gestores. Se marchó al Aston Villa dejando entrever que no le dejaban hacer en lo que mejor sabe y ha demostrado.
Su sustituto, Víctor Orta, ni convence ni hace por convencer. Seis entrenadores en dos años pese a que dos de ellos ganaron dos Europa League: Lopetegui, Sampaoli, Mendilibar, Diego Alonso, Quique Flores y García Pimienta y la sensación de que todo el que sale habla y no para enumerando las barbaridades que ven desde dentro.
El barcelonés, que aceptó la llamada regeneración, se está encontrando con una plantilla desmantelada, refuerzos que no igualan la calidad de los que se marchan y la apuesta excesiva en jóvenes que puedan revalorizarse. En-Nesyri, por 20 millones, dejó el equipo este verano y su sustituto llegó con la carta de libertad, Acuña ha sido regalado y la última es que plantea vender a Ocampos, uno de los pocos jugadores con alma. Lo peor es que los aficionados no ven el final de este proceso de hundimiento.


