Todo al cuatro... de marzo
A LA CONTRA

- Txema Oliden
Periodista
Cuando, como es el caso de la Real Sociedad, te encuentras tan cerca de la antesala de un título, inevitablemente todo cuanto suceda en las fechas previas, va a estar necesariamente referenciado a ese día. Al equipo de Matarazzo sólo le resta superar un obstáculo para plantarse de nuevo en una final de Copa, y eso no sucede todos los días. Es por ello que, aunque lleves a cabo un trabajo de abstracción mental, intentando no dejarte atrapar por el hechizo, acabas irremediablemente atrapado en sus redes. Si a esto le unimos el hecho de que la inexplicable fórmula de separar los dos partidos de la eliminatoria de semifinales por un periodo de tiempo tan prolongado, añade un punto notable de incertidumbre, en la medida en la que el escenario puede variar de un partido a otro por múltiples circunstancias, pues ya tenemos una resolución de la eliminatoria cargada con todos los complementos que uno pueda imaginar.
Es por eso que, todo cuanto acontece entre esas dos fechas, adquiere un relieve muy especial. Esa ruptura que se produce en el desarrollo normal de la eliminatoria, tiene la virtud de alimentar, durante unas semanas, las esperanzas del que salió perjudicado en primera instancia, y, en la misma medida, generar dudas en el que salió airoso del primer envite. Por eso es de vital importancia cargar las baterías de certezas, de evidencias, o sea, de resultados y buenas sensaciones en los partidos que tienen lugar en ese intervalo de tiempo. Por eso, fue una muy mala noticias el empate frente al colista Oviedo del pasado sábado -y pudo ser aún peor-, como muy inconveniente resultaría un mal resultado el próximo fin de semana en Mallorca. Porque lo que suceda durante todos estos días, eso será lo que la Real se lleve al derbi del día 4 en Anoeta, en el que los realistas se lo juegan todo a un único numero. Y cuanto mejores sean la sensaciones, menos espacio quedará para las dudas. Porque la segunda parte de la semifinal empezó a disputarse nada más finalizar el encuentro de San Mamés. Por ende, no cabe interpretar el partido de Son Moix más que en clave de victoria.

Álvaro, tocado pero nunca hundido
Con ser una mala noticia el traspiés frente al colista Oviedo, sin duda, el corolario más doloroso de la jornada fue la grave lesión sufrida por Álvaro Odriozola, apenas unos segundos después de haber ingresado en el campo, lo que añade un punto más de perturbación a los hechos. Los peores augurios se cumplieron, y unas horas después, llegaba el demoledor diagnóstico: rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla.
Nadie como el propio Álvaro sabe del esfuerzo que le ha costado llegar a donde había llegado, después de muchos meses de sufrimiento e incertidumbre, que llegaron a poner en peligro, no sólo su trayectoria en la Real, sino incluso su carrera como futbolista. Pero después de todos esos meses viviendo en la penumbra, la llegada del nuevo entrenador, alimentó la llama de la esperanza, y tanto esfuerzo se vio recompensado con la confianza del técnico americano, tal y como acreditan sus estadísticas. Recuerdo ahora las palabras del 'pirata' Granero poco después de ser intervenido de la misma lesión allá por 2013: ”Ya me queda menos para volver al puerto de Anoeta”. Estoy convencido de que esa es la misma actitud que sostiene Álvaro. Pelear contra todo ya no le es ajeno, así que no le pilla de nuevo. ¿Tocado? Sí. ¿Hundido? ¡Nunca!

La ratificación y la destitución
Jagoba Arrasate no recibirá a la Real, su Real, el próximo sábado en Son Moix. Unas semanas después de haber sido ratificado en el cargo por el presidente del club balear, -el equipo bermellón venía de ganar al Sevilla-, el de Berriatua ha recibido la carta de despido, año y medio después de su llegada a Mallorca. Una vez más se verifica la vigencia de esa máxima no escrita: “la ratificación es la antesala de la destitución”.

Remiro, axioma apriorístico
La Real cuenta con uno de los mejores guardametas de la Liga. Eso, para mí, es un axioma apriorístico, es decir, que no necesita pruebas –más aún- para ser aceptado.
Sin embargo, no todo el mundo parece estar de acuerdo conmigo -algo muy saludable, por cierto-, y creen poder sostener que la incuestionabilidad de Remiro no es un dogma. Vale, pues no lo será, pero para mí resulta tan claro, que no me ocupa más tiempo.