Vini baila sobre la delgada línea blanca que un día se romperá
REAL MADRID
Un gol del brasileño, que volvió a festejar alegremente en el córner, sirvió para sentenciar una eliminatoria que, por momentos, se complicó más de la cuenta para el Real Madrid


- Mario Calderón
Periodista - Madrid
Hay una delgada línea blanca -blanca por razones obvias- que el Real Madrid no termina de cruzar esta temporada pero que cada vez está más cerca de hacerlo. Es la del bochorno. La va evitando, partido a partido, porque los rivales a los que se está midiendo no consiguen doblegarle pero tiene pinta de que, en algún momento, esa línea se romperá y todo estallará por los aires. Al menos en Champions donde ahora empiezan las curvas.
Y es que por ejemplo, este Benfica, sin ir más lejos, ha estado a punto de dar la sorpresa pese a ser el tercer clasificado de la liga portuguesa y no tener a ningún jugador especialmente relevante de tres cuartos de campo hacia arriba, de los que deciden eliminatorias. Por lo que si los llega a tener, quizás este Madrid no lo hubiera contado.
Un jugador, por ejemplo, como Vinicius, que sin duda ha sido el hombre del doble enfrentamiento entre merengues y lisboetas y que cerró su semana más intensa de los últimos tiempos de la misma manera que la abrió: bailando en la esquina del córner.
El brasileño, siempre bajo los focos para bien o para mal, es otro distinto desde que ha llegado Arbeloa y ese es, probablemente, el único mérito que se pueda atribuir el técnico porque desde luego, en cuanto al juego, es innegable que el problema sigue estando ahí.
Y es que si el Real Madrid sigue vivo en esta Champions no es tanto por sus méritos como por los deméritos de su rival. Porque hasta dos y tres goles pudo marcar el Benfica sino fuera por su falta de puntería o, caso a parte, las milagrosas paradas de un Courtois que sigue siendo el mejor de los once jugadores que presenta cada partido el equipo blanco.
El Benfica 'solo' tuvo a Mou
Y si el Madrid tuvo a Vinicius, el Benfica solo tuvo a Mou, que no juega pero da mucho juego y, al estar sancionado por su expulsión en el partido de ida, se dedicó a jugar al escondite desde su llegada a Madrid y aún a estas horas no se sabe donde vio el partido: si en un palco, en una cabina de radio, en el autobús del equipo o en el hotel.
Lo que está claro es que, a partir de ahora, desde donde verá la Champions será desde el sofá de su casa esperando, como el gran personaje de película que es, volver a tener la oportunidad de pelear contra los grandes. Esta vez lo tuvo ahí, en sus manos, pero se le escapó vivo.

