Durante mucho tiempo, portar el brazalete de capitán dentro de un campo de fútbol, no tenía mucho más alcance que el de representar al equipo ante el árbitro, como portavoz autorizado, y poder discutir con el colegiado, en la medida en que éste lo permitiera… y poco más. Sin embargo, se podría afirmar que, el rol del cargo de capitán se ha cargado de más contenidos, que tienen una proyección sobre el entorno que lo rodea, mucho más importante.
Y un ejemplo descriptivo lo ofrecieron los capitanes del Athletic Club, Oscar De Marcos e Iñaki Williams en Roma en la primera jornada europea, hace escasamente unas semanas, cuando se dirigieron al fondo donde se concentraban los seguidores rojiblancos, para recriminarles su comportamiento -el de unos pocos, pero suficientes para haber provocado una tragedia-, y recordarles que ellos, los aficionados, lo mismo que los futbolistas, representan a una entidad, unos valores y a toda una masa social que conforma el soporte social de un club.
Hace menos tiempo asistíamos en Anoeta a un par de intervenciones del capitán de la Real Sociedad, Mikel Oyarzabal; la primera de ellas, el día del partido de Europa League ante el Anderlecht, acudiendo a la conclusión del partido a la zona que se vio afectada por la conducta vergonzosa de unos indeseables del equipo visitante, para mostrarles su apoyo. Y unos días más tarde, con motivo de la visita del Atlético de Madrid, se acercó a la grada de animación Aitor Zabaleta, para afear la conducta de algunos de los nuestros, que se distinguieron por dar la nota, con cánticos absolutamente desafortunados. Y esta última intervención tiene una mayor carga de profundidad, por cuanto está dirigida a tus propios seguidores, y eso es algo a lo que no estamos habituados. No es tan fácil encararte con tu propia gente como hacerlo con gente a la que no conoces y a la que no volverás a ver en tu vida. Pero es lo que se espera de un capitán, que cuando sea menester dar la cara, aparezca y represente al club como éste se merece. Y Mikel ha cumplido con creces.

Porque no todo contacto es falta
Sucedió el pasado domingo en el encuentro de baloncesto entre Tenerife y Barcelona, cuando mediado el último cuarto, tras una acción de juego, el escolta donostiarra del
Barça, Brizuela da una palmadita en el trasero a la colegiada Yasmina Alcaraz, cuando pasa a su lado, que, vistas las imágenes y encuadrada en su contexto, parece absolutamente espontánea . Pues bien, a algunos les ha faltado tiempo para propagar las imágenes con una clara intención de generar controversia, y abrir un debate que,
ahí, no existe. Menos mal que en ese mismo partido -caprichos de la vida-, mediado el primer cuarto, es la propia Yasmina la que hace lo propio, esta vez con el trasero del
escolta del Barça Kevin Punter como receptor de la caricia. Qué hacemos? Denunciamos la conducta de la colegiada y del jugador? O aprendemos a observar lo que sucede delante de nosotros con un poco más de sensatez, de sentido común y de naturalidad? Parecemos empeñados en embridar la percepción natural de las cosas, en ponerle un corsé a la espontaneidad. Afortunadamente son los propios protagonistas de las “incidencias” los que salen al paso de cualquier controversia y las sitúan en su contexto correcto.

La dura vuelta a clase
Los parones en la competición doméstica para atender a competiciones de selecciones, se han convertido en una constante. Estos parones tienen repercusiones diferentes en cada equipo en función de distintas variantes. El último, el pasado mes de septiembre, alcanzó a la Real tras un empate en Getafe, y le siguieron dos derrotas consecutivas. Ahora vuelve tras otro empate, y esperan Girona y Maccabi.

Posesión... para atacar
Leía hace unos días la interesante entrevista en MD a la finesa Sanni Franssi, y me quedé con una reflexión que hacía sobre las diferencias entre Arroyo y Sánchez Vera: mientras aquélla abogaba por la posesión como valor en sí mismo, éste sólo la considera si es para atacar al rival. Parece una nimiedad, pero no lo es, y encapsula perfectamente dos concepciones distintas del juego.


