Desde que la Supercopa de España cambió su formato pasó de ser un torneo de verano que servía de aldabonazo de la temporada a un evento de mayor fuste. Entonces era un buen o mal comienzo, sin más, se daba la mano al ganador y el eco no duraba mucho. Ahora no, ahora es un antes y después. Su diferente configuración y que se juegue en mitad de la temporada lo convierte en un test donde los grandes ganan poco y pierden mucho.
Ni el Madrid, ni el Barça van a celebrar en verano la temporada como un éxito si el único título que han ganado es la Supercopa; pero eso será entonces, ahora el torneo, diseñado para que se enfrenten, les pone ante una tesitura con consecuencias, que siempre las hay cuando los actos no son buenos, aunque no queramos.
Cierto que para que algo así suceda han de superar la semifinal, que en este caso es mucho más exigente para el Madrid, obligado a restañar el vergonzante 5-2 de la liga ante el Atlético y sin Mbappé, que después de marcar 59 goles en 2025 se pierde el primer título de su equipo en 2026. Nada es lo que parece.
Hace dos años Xavi Hernández comenzó su cuenta atrás como entrenador del Barça después de perder la final de la supercopa por goleada, 4-1. Al año siguiente el mismo camino emprendió Ancelotti tras caer por 5-2. Es verdad que hay 5 meses para enmendar el error y el resto de competiciones por disputar, de mayor prestigio, pero queda claro que lo que sucede en Arabia, de un tiempo a esta parte, marca el devenir de la temporada. Queda claro que lo que ocurre en Oriente no se queda allí. Poco en juego, mucho que perder.