Cesc Fàbregas jugó tres años en el Barça, dio el pase de gol más importante en la historia de España y los locutores españoles jamás tuvieron el acierto, ni el cuidado, de pronunciar bien su nombre de pila. De Sex a Checs pasando por todas las opciones posibles, pero ninguna de ellas acertada. Puede que sea una combinación de sonidos que cueste a los castellanohablantes, pero, ni ahora que está de entrenador en el Como, han tenido la sensibilidad para aprender a decir Cesc como dios manda. Solo hacía que escuchasen diez veces a un catalán pronunciándolo para que, ni que fuese por imitación, pudiesen hacerlo bien y sin trabarse la lengua.
En cambio, han bastado cuatro jornadas de Liga, dos partidos con la Roja y el debut de Dean Huijsen en la Champions con el Real Madrid, para que en todas las cadenas pronuncien el apellido del espigado defensa a la perfección. Y mira que entre lo que está escrito y la forma de pronunciar el apellido neerlandés hay pocas similitudes. Del Huijsen escrito al Jausen hablado hay un buen trecho. Qué bien que en todas las cadenas respeten su apellido, como debe ser. También lo pronuncia bien el Comité Técnico de Árbitros que, en su video semanal, considera que Gil Manzano no debió expulsarle ante la Real Sociedad.
Pues a pesar del nuevo capotazo del CTA al Madrid, uno sigue viendo que Oyarzabal se iba solo, que Huijsen era el último hombre, que Militao estaba a siete metros y que Courtois estaba tan lejos del área que el gol de vaselina de Oyarzabal iba a ser de traca. Pues no, los árbitros dicen que se equivocaron. Al final, Huijsen está descubriendo que lo de menos es el apellido. Lo más importante, para ir por el futbol español, es la camiseta que llevas.