Han tenido que lesionarse tres centrales de la primera plantilla madridista, Militao, Rudiger y Alaba (el cuarto, Jesús Vallejo, es sólo un acompañante sin más) para que Ancelotti haya abierto la puerta del cuarto de los niños y se haya encontrado con Raúl Asencio. El chaval ya no es tan niño, hoy cumple 22 años, pero ha sido, otra vez, el estado de necesidad lo que le ha catapultado al lugar que los canteranos del Madrid ven como un objetivo imposible, el primer equipo.
No era el del Etihad ante el City un partido fácil para él por muchos motivos. El estadio, la entidad del rival, la trascendencia de la eliminatoria y además que esa misma mañana había conocido que la justicia española le mantiene imputado en un presunto delito de difusión sexual. Nada pareció afectarle y eso sólo distingue a los deportistas extraordinarios.
Hubo una imagen que delata la personalidad de un futbolista que con gestos así va camino de ganarse el cicatero afecto de su hinchada. El árbitro del City Madrid paró el juego para advertir a Haaland y Asencio, y enseguida vimos por qué: se habían enzarzado por ganar la posición y ante un gigante noruego de 1,95 Asencio no sólo no se arrugó, sino que reaccionó como si fuera un central experimentado con muchos duelos a su espalda, jamás rehuyó el lado áspero del combate.
Algún día el Madrid recuperará a sus centrales, esperan a Rudiger para la vuelta ante el City. Con el tiempo llegarán Militao y Alaba, pero ninguna de estas apariciones debería apartar a Asencio del camino que está trazando, ni siquiera con Ancelotti como entrenador.