No hay que cantar victoria hasta que el árbitro pite el final del partido. En la vuelta de semifinales de la Champions League, el Real Madrid acometió una remontada difícil de digerir para el Manchester City y su entrenador, Pep Guardiola.
Como en muchos duelos inesperados, se necesita tiempo para digerir. Guardiola reconocía en rueda de prensa: “No les dije nada a los jugadores tras el partido”. Recriminar a tu equipo justo cinco minutos más tarde de la derrota, no es un signo de inteligencia y, mucho menos, de ser un gran líder.
Guardiola tiene autocontrol para dejar espacio para la reflexión individual. En una segunda fase, aprender a no olvidar lo que pasa en los partidos con el objetivo de aprender una nueva lección de lo que pasa en cada momento.
Pep Guardiola es un ejemplo a seguir al aceptar una realidad objetiva cuando felicitó al conjunto blanco por la victoria y su pase a la final. Esto no se puede confundir con el término de si fue justo o injusto, ya que no todas las derrotas son iguales ni se sienten de la misma manera cuando la cercanía del pase a la final se escurre entre los dedos en cuestión de minutos.
Ederson, Laporte, Rodre, Mahrez, Walker por mencionar algunos jugadores deberán trabajar de manera individual emociones como la negación, la angustia, la rabia o incluso el shock del momento. Procesos que se van entrelazando hasta la culminar en la aceptación y el aprendizaje continuo.
Como equipo, trabajar la motivación desde diferentes prismas. Levantar el ánimo cuando les han encajado 3 goles en 5 minutos al final del partido. Como encajar una situación de posible fracaso o cómo dejar de castigarnos por este tipo de situaciones que solo nos conducirá a tener más inseguridad.
Objetivos claros y concretos con un entrenador que siente orgullo de su equipo y ya tiene parte de la solución. Esto es fútbol. La incertidumbre está al acecho.