Una victoria para creer

CONTRACRÓNICA | GIRONA FC

El Girona recupera sensaciones, confianza y piezas clave en una goleada que refuerza al equipo antes de un tramo exigente del calendario

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Tsygankov y Ounahi, abrzándose tras la victoria del Girona frente al AthleticPere Puntí / Propias
Una victoria para creer
  • Álex Luna

    Montilivi

El Girona necesitaba una tarde así. No solo por los tres puntos, sino por todo lo que rodeó a la victoria frente al Athletic. El equipo de Míchel se reencontró con el triunfo después de una racha incómoda —una sola victoria en los últimos siete partidos— y lo hizo con una solvencia que invita al optimismo justo cuando la temporada entra en su fase más exigente.

El marcador fue contundente, pero el valor del triunfo va más allá del resultado. El Girona transmitió seguridad, controló el partido en muchos momentos y volvió a mostrar esa versión competitiva que tantas alegrías le dio durante el curso. En un contexto donde los detalles habían penalizado al equipo en jornadas recientes, esta vez todo salió a favor.

La victoria deja al conjunto gerundense con 34 puntos, a ocho del objetivo simbólico de los 42 que marca la permanencia. Un paso importante, pero sobre todo un impulso anímico para un grupo que necesitaba recordar de lo que es capaz cuando juega con convicción.

El partido también dejó varias noticias positivas para Míchel. Una de ellas fue la recuperación de Àlex Moreno, que volvió a sentirse futbolista tras su lesión y suma profundidad en una posición donde el equipo había tenido que improvisar durante semanas. Otra fue la confirmación de Ounahi. El marroquí parece haber dejado atrás definitivamente sus problemas físicos y volvió a demostrar su talento con un gol que terminó de inclinar el encuentro.

La tarde también tuvo un momento especial para Claudio Echeverri. El argentino se estrenó como goleador con el Girona y lo hizo en el descuento, un tanto que cerró la goleada y que puede servirle como punto de partida para ganar confianza en este tramo final de la temporada.

En general, el rendimiento colectivo fue uno de los aspectos más destacados. Prácticamente todos los jugadores superaron el notable, una exigencia necesaria si el equipo quiere mantener la estabilidad en un calendario que no dará tregua. En las próximas semanas aparecerán retos de peso como Osasuna, Villarreal, Real Madrid o Betis, rivales que obligarán al Girona a sostener este nivel competitivo.

Pero si algo resumió la tarde fue la imagen final. Tras el pitido definitivo, jugadores y cuerpo técnico se acercaron a la grada para celebrar junto a su afición. Saltos, abrazos y una pequeña conjura colectiva con Míchel incluido, reflejo de un vestuario que sigue creyendo en sí mismo.

Porque más allá de los puntos, el Girona recuperó algo fundamental: la sensación de equipo. Y en este tramo de temporada, eso puede valer tanto como una victoria.

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