Una moneda condicionada a cruz

CONTRACRÓNICA GIRONA FC

El Girona dejó escapar una victoria que tuvo en la mano tras un segundo tiempo condicionado, espeso y sin fortuna que frenó la cuarta alegría consecutiva en el Sánchez-Pizjuán

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Stuani falló el penalti en la última jugada del partido frente al SevillaRaul Caro / EFE
Una moneda condicionada a cruz
  • Álex Luna

El fútbol es, muchas veces, una moneda al aire. Y en el Ramón Sánchez-Pizjuán cayó del lado menos amable para un Girona que se marchó de Sevilla con la sensación de haber dejado pasar una oportunidad enorme. Ni la suerte ni el segundo tiempo estuvieron del lado de un equipo que tuvo el partido donde quería durante muchos minutos, pero que acabó pagando caro un tramo final lleno de imprecisiones, condicionantes y decisiones forzadas.

La primera mitad fue una declaración de intenciones. El conjunto de Míchel dominó con claridad, se adelantó muy pronto y tuvo escenarios para ampliar la ventaja ante un equipo nervioso, superado y señalado por su propia afición. El Girona manejó los tiempos, la pelota y los espacios, transmitiendo una sensación de control que invitaba a pensar en una noche más de color ‘blanc-i-vermell’ en un estadio históricamente propicio en la era Míchel.

Sin embargo, tras el descanso, el partido empezó a girar lentamente. El Sevilla creció más por empuje que por fútbol y el cuadro 'gironí' fue perdiendo metros, balón y continuidad. No fue una renuncia voluntaria, sino una versión condicionada por las circunstancias. La salida obligada de Vanat, mermado físicamente, y la posterior de Fran Beltrán, el ancla que daba equilibrio y pausa, alteraron por completo el plan. El equipo perdió profundidad, seguridad y capacidad para sostenerse con balón.

A partir de ahí, el encuentro entró en ese terreno incómodo donde todo parece decidirse por detalles. Un resbalón inoportuno, un disparo lejano, un gol encajado en el descuento. Cruz. Luego, una última oportunidad desde los once metros, un paradón monumental y el pitido final. Otra cruz, en lo que pareció cara. La moneda giró demasiado rápido para un Girona que, por momentos, deseó que el reloj corriera y, por otros, se lanzó a la épica sin demasiadas herramientas.

El empate deja un poso amargo. No por el punto en sí, sino por la sensación de haber tenido el partido bajo control y no haber sabido —o podido— cerrarlo. El cuadro catalán no logró encadenar la cuarta victoria consecutiva en Nervión y cortó una racha que hablaba muy bien de su crecimiento. Aun así, el camino sigue marcado. Pero esta vez, la moneda cayó del lado equivocado.

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