Indignación en el Barça con la FIFA por Raphinha
FC BARCELONA
La lesión del delantero brasileño confirma la sensación de desamparo que los clubs tienen ante convocatorias para amistosos en tramos ya decisivos de la temporada


- Xavier Muñoz
Periodista
De la desolación a la indignación. Esa ha sido la rápida transformación del sentimiento que hay en el FC Barcelona tras confirmarse la lesión de un jugador fundamental como Raphinha Dias jugando un amistoso con la selección de Brasil, precisamente en un tramo de la temporada donde ya se deciden los títulos. Según el comunicado médico difundido por el club azulgrana, una dolencia muscular en el muslo derecho mantendrá al extremo culé fuera de los terrenos de juego durante las próximas cinco semanas, lo que le apartará de las alineaciones de Hansi Flick al menos en cinco partidos de Liga, en los dos confirmados de cuartos de final de la Champions League ante el Atlético de Madrid y, de clasificarse, también en el partido de ida de la semifinal europea y ya se vería si podría jugar la vuelta en caso de llegar.
El daño es evidente y difícilmente calculable en su justa medida, tanto en términos deportivos como económicos, porque en el fútbol actual ambos aspectos van íntimamente relacionados.
La sensación de desamparo ante este abuso es universal en los clubs, aunque lo que marca el nivel más alto de irritación es que la lotería indeseable te toque a tí y no al rival. El Barça cruza los dedos porque aún quedan partidos internacionales de selecciones para que el 'roto' no se haga aún mayor, pero de momento ya sabe que en su alineación ante partidos tan determinantes como los que se avecinan no va a salir en la pizarra de Flick el nombre de Raphinha.
Amistosos transoceánicos rentables para las selecciones
Una de las cuestiones que menos se puede entender es que la FIFA, más allá de acceder a la disputa de amistosos a dos meses de despedir la temporada de clubs, permita viajes transoceánicos o de miles de kilómetros de algunas selecciones que se mueven también por el interés crematístico con futbolistas que, teóricamente, pertenecen a los equipos y no a las formaciones nacionales.
En este periodo del calendario FIFA, por ejemplo, el azulgrana Joao Cancelo juega con la selección de Portugal un amistoso en Méjico DF contra la selección mejicana y después contra la de Estados Unidos en Atlanta. La selección brasileña, ya sin Raphinha, disputará su próximo amistoso en Orlando contra Croacia después de que en la también estadounidense Boston fuera la sede donde el delantero culé se lesionó enfrentándose a Francia.
Al desproporcionado número de partidos se añaden estos amistosos de máxima exigencia y difícil logística que saturan aún más un calendario hipertrofiado que, en lugar de moderarse, ha ido claramente a más en las últimas temporadas, sin que nadie haga nada por corregirlo. A corto plazo, solamente queda el sentimiento de impotencia y el derecho al pataleo, mientras los clubs no unan fuerzas para limitar el uso y el abuso de sus mayores activos, en este caso, sus futbolistas.

