
Pedri ilumina y Lamine la clava
1. Sin cambio de ritmo atacante
Empezar a un punto por encima del perseguidor no era lo mismo que hacerlo a tres o a cuatro. El líder tenía que contestar y desde luego que en este primer tiempo no jugó al nivel que deseaba Flick.
Con un once de rotaciones el conjunto blaugrana llevó el partido al ritmo que le convenía después de ir de un área a la otra en los primeros minutos. El Athletic quería presionar en las zonas de los defensas de Joan Garcia, el Barça jugar al ritmo de los pases. Y se impuso el estilo técnico blaugrana aunque con un problema: no meterle velocidad, no cambiar de ritmo, cuando llegaban al tres/cuartos de campo. Lo pagaron Olmo, Lamine, Ferran y el ‘desorientado’ Rashford al no recibir la pelota con ventaja. Monotonía. Estaba claro que en el descanso Flick iba a meter a algún jugador de banquillo pese al control de juego facilitado por Bernal y Casadó. El empate alimentaba más al equipo de Valverde.
2. Mucha pelota pero pocas ocasiones
En San Mamés hay que jugar desconectando a los leones de la grada y no concediendo córners ni faltas. El líder lograba mantener las posiciones sobre el césped (algo alto aunque bien húmedo) con y sin pelota. El juego directo y repetitivo local, saques directos de Unai Simón a Iñaki Williams, bien ganado por Cubarsí, Gerard Martín y Marc Bernal.
Faltaba algo más porque la producción de ocasiones escaseaba: una para el Athletic Club, Selton, y dos repartidas entre Cancelo (más punzante que Rashford) y Ferran Torres pero tras saque de esquina. Escrito de otra manera, Joan Garcia paró perfecto; Unai Simón lo pasó peor en el remate, muy hábil, de Ferran justo antes de volver a vestuarios.
No era bueno, en modo Barça, ver a Lamine perdiendo metros y entrando en juego para elaborar.
3. Pedri ilumina al Barça y Lamine la clava
Hubo un antes y un después de que entrase en juego Pedri. Resultó a la postre el cambio del partido para alegría blaugrana y problemón casero.
El tinerfeño guió el juego del FC Barcelona llevando la pelota por dentro pero pasándola casi siempre hacia el lugar donde menos camisetas rojiblancas había. Las ventajas entraron en el fútbol azulgrana, el cambio de ritmo ofensivo se produjo y hasta Marcus Rashford no tuvo más remedio que correr hacia delante para disgusto de Gorosabel y su escudero, Vivian.
Era otro partido porque la elaboración interna de Pedri se saltaba la oposición de Regó y Jauregizar. Era cuestión de estar bien abiertos y listos para acelerar. Cuando entraron Raphinha, Fermín y Lewandowski el aroma a gol empezó a sentirse en La Catedral.
Faltaba media hora pero no hizo falta llegar a los minutos finales. El desempate se produjo tras una acción brillante de Pedri, el arrastre de Fermín cerca de Lewandowski y la aparición de Lamine recibiendo dentro del área. Allí, quiebro para dejar sin efecto la oposición de Adama Boiro (hasta resbaló) y zurdazo a la escuadra. Ni dos porteros juntos hubieran podido para esa espectacular rosca de zurda.
Tres puntos de oro ante un Athletic que quiso responder -ahí los de Flick se echaron demasiado atrás- pero sin lograr batir a los defensas azulgranas, ya con Araujo dentro, ni a Joan Garcia. Gol de campeón.