
Lecturas de una noche casi mágica
Debo admitir que pensaba que era imposible que el Barça pudiera remontar la eliminatoria ante el Atlético. Y estaba equivocado, porque aunque no se culminó la remontada, el equipo de Flick demostró que a veces lo imposible puede ser posible, parafraseando las palabras del alemán en la previa. Los azulgrana rozaron la proeza, jugaron un partido memorable y a punto estuvieron de sumar un nuevo capítulo a la exclusiva lista de noches mágicas del Camp Nou. Si en tu equipo tienes a Pedri, el mejor centrocampista del mundo, y a Lamine Yamal, el mejor jugador del mundo, todo es posible, incluso lo que parece imposible. Del partido ante el Atlético se pueden extraer muchas lecturas. La principal es que, aunque se perdió un título, el Barça se ganó el derecho a soñar en grande. Y eso quiere decir poder soñar con la Champions.
Si hace unas semanas parecía que aún había mucha distancia respecto a los grandes favoritos para conquistar Europa, con el juego y la ambición del martes, y el apoyo de un Camp Nou entregado, este Barça no le debe temer a nadie. Muy lejos quedan ya las derrotas de la primera fase ante PSG o Chelsea, aunque también es cierto que una primera parte como la de la ida en el Metropolitano en Europa también pasaría factura. Pero tengo la sensación de que el martes el Barça dio un paso adelante en cuanto a confianza y autoestima y que la eliminación tendrá un efecto positivo. Otra lectura importante de lo vivido el martes en el Camp Nou fue el regreso de la Grada de Animación, amnistiada gracias a la campaña electoral. Eran pocos, faltaban muchos de los habituales y estaban situados en un córner del estadio, pero aún así su presencia fue determinante.
Desde que el equipo regresó hace unos meses al Camp Nou, al estadio le faltaba ambiente, le faltaba alma. Incluso desde los asientos más lejanos se escuchaba en demasiadas ocasiones lo que se decían los jugadores, parecía más un teatro que un campo de fútbol. Pero el martes fue otra historia: el Camp Nou recuperó parte de su esencia. La grada de animación, pese a estar mermada, lideró los cánticos y contribuyó a creer en la remontada.
Los primeros que lo agradecieron fueron los futbolistas, que nunca han entendido que el club prescindiera de algo tan valioso y necesario para ellos. Lección aprendida tras 15 meses sin ella, para que el Camp Nou intimide a los rivales y el equipo se sienta capaz de todo jugando en casa, la grada de animación es imprescindible. La única lectura negativa, eliminación al margen, fueron las lesiones de Koundé y Balde, que se suman a la reciente de De Jong. Son ya demasiados percances musculares esta temporada y Flick ya no disimula en rueda de prensa. El técnico verbaliza su descontento con un tema que se arrastra desde hace semanas y evidencia que algo no funciona entre los preparadores físicos, recuperadores y médicos dentro del vestuario del Barça. Es un secreto a voces que aún no ha acabado de explotar públicamente, pero que Flick ya ha ido deslizando ante la prensa en diversas ocasiones. A punto de empezar el tramo definitivo, es un tema que conviene aclarar y arreglar lo antes posible, para que los jugadores lo afronten en las mejores condiciones.
Y si el martes se demostró que lo imposible a veces es posible, algo parecido sucede con las elecciones. La victoria de Joan Laporta parecía cantada, pero tras el recuento de firmas y con la lista de candidatos reducida solo a dos, parece que sí hay partido. Así lo admiten incluso los ‘laportistas’ más acérrimos, que pensaban que ganarían las elecciones sin bajar del autocar y ahora entienden que deberán trabajar para evitar el 'sorpasso' de Font. Vienen días apasionantes, en lo deportivo y en lo electoral.