Qué manera de palmar

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Las dos derrotas ante el Atlético, la de Montjuïc en la Liga pasada y la eliminación de la Copa esta semana en el Camp Nou, definen perfectamente la personalidad orgullosa y convencida de este Barça.

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Raphinha recibió el reconocimiento de sus rivalesManel Montilla (MD)
Qué manera de palmar

El Barça de Flick tiene un encanto especial porque nunca ha dudado cómo quiere ganar y, sobre todo, cómo quiere perder. “Qué manera de palmar y qué manera de vencer” dice la letra de Joaquín Sabina del himno del centenario del Atlético, curiosamente el rival que ha provocado dos derrotas blaugrana, la de Montjuïc en la Liga pasada y la eliminación de la Copa esta semana en el Camp Nou, que definen perfectamente la personalidad orgullosa y convencida de este Barça

Es imperfecta, como todas. Conecta con la mirada futbolística ofensiva y atractiva, como pocas. Invita a fortalecer el sentimiento de pertenencia, como ninguna. En la etapa de Flick, el Barça ya ha ganado cuatro títulos y ha perdido dos. Con el paso del tiempo, es probable que se recuerden las caídas con tanto orgullo o incluso más que los éxitos. No es una anécdota la decepción suavizada que vincula la eliminación en semifinales, a las puertas de la final, ante el Inter en Champions y el Atlético en Copa. Es un hecho diferencial del barcelonismo, ni mejor ni peor. La identificación con la manera de expresarse del equipo pesa tanto como las victorias, evidentemente porque las derrotas son pocas. Si no, eso cambiaría ya que nadie quiere competir para perder. Ni tan sólo el barcelonista, a veces mirado como raro por este rasgo que muchos confunden con una pretendida superioridad moral. 

El Barça demostró que tiene una versión superior en el manual para esta recta final de campaña. Radical en sus convicciones, nos enseñó que exponerse atrás ayuda a presionar mejor cuando no se regulan los esfuerzos y que no es tan permeable defensivamente si mantiene alta la tensión y la concentración en los duelos, ya sea tras la pérdida como en la emergencia. 

Cubarsí, mención especial por su mayúsculo partido, y Gerard Martín afrontaron las situaciones límite en menos desventaja porque el rival atacaba el espacio forzado por la presión blaugrana. Esa voracidad en la recuperación del balón blinda la defensa y alimenta el ataque tras la recuperación. Eso sí, cuando se usa a la carta, aparece inevitablemente la vulnerabilidad. Convertir la elección en un hábito frecuente es lo que marca la continuidad de un campeón.

El córner en corto

A menudo tratado como un esnobismo refinado, el Barça está sacando mucho jugo esta temporada a los lanzamientos en corto de los córners. Ya son quince goles esta temporada originados en saques de esquina, sean primeras o segundas jugadas, nueve de ellos en corto más seis en largo. Se han acabado de maneras muy diferentes. Con chuts exteriores al primer pase, de Pedri en el campo del Levante, de Fermín ante el mismo rival en casa o de Lamine Yamal contra el Mallorca; con centros diagonales como el de Cubarsí ante el Girona o Koundé contra el Eintracht; o llevando el balón a la otra banda para un centro lateral, como el de Eric en Oviedo o Marc Bernal ante el Levante. El laboratorio del balón parado en ataque funciona, otro detalle para marcar diferencias en escenas claves. No es casualidad.

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