
El foco en el denunciante y no en la denuncia
Se acerca el tramo decisivo de las elecciones a la presidencia del FC Barcelona. El lunes acaba el plazo para la recogida de firmas y tendremos el primer ‘sondeo’ real antes de las urnas. La experiencia nos demuestra que el número de apoyos recogidos es un indicador muy útil, aunque no siempre es definitivo. Este sprint final electoral coincide, además, con el momento clave de la temporada. En apenas dos semanas el Barça afronta la vuelta de las semifinales de Copa ante el Atlético, la ida de los octavos de Champions y debe sostener el pulso con el Real Madrid en la Liga tras recuperar el liderato. Máxima exigencia en el césped y máxima tensión en el terreno electoral. Mientras el equipo se juega media temporada, los socios deben escoger al presidente del próximo mandato. La campaña se ha endurecido y llega marcada por la denuncia presentada en la Audiencia Nacional contra Joan Laporta y buena parte de quienes han sido sus directivos o ejecutivos.
Las acusaciones son muy graves: blanqueo, fraude fiscal, administración desleal, falsedad y organización criminal. Ante un listado así, sorprende que el debate se haya centrado más en el denunciante que en el contenido de la denuncia. La presunción de inocencia es innegociable. Pero también lo es el derecho de los socios del Barça a conocer la verdad antes de votar. Si no hay nada, como defiende la Junta saliente, conviene despejar cualquier sombra cuanto antes. Pero si lo hubiera, sería muy relevante saberlo antes de depositar la papeleta. Ninguno de nosotros puede probar ni lo uno ni lo otro. Solo la justicia, con acceso a la documentación y capacidad de investigar incluso en los países que aparecen en la denuncia, podrá determinar si existe fundamento o si todo es infundado. Primero se insinuó que Víctor Font estaba detrás del socio. Después se apuntó al Real Madrid. Más tarde, a Sandro Rosell. Sinceramente, quién esté detrás del denunciante –si es que hay alguien– debería ser secundario. Lo esencial es el contenido: si lo que se denuncia es cierto o no. Si, como sostiene Laporta, no hay absolutamente nada, el primer interesado en que se aclare con rapidez debería ser él.
En la historia reciente del club hay varios casos de socios desconocidos que denunciaron irregularidades. Jordi Cases llevó a la justicia el caso Neymar (foto) –denuncia en aquel momento muy aplaudida por los laportistas–, Joan March lo hizo por cuestiones estatutarias y recortó un año el primer mandato de Laporta y Vicenç Pla peleó por los avales de la junta. En su momento también se especuló sobre supuestas manos negras y quién estaba detrás de aquellos socios. Sin embargo, lo determinante no fue quién firmaba la denuncia, sino si los hechos denunciados tenían base jurídica. Y en esos casos, los tribunales sí apreciaron fundamento. Por eso conviene no perder el foco. Si la junta directiva de Laporta no ha cometido ninguno de los delitos que se le atribuyen, no debería temer a la investigación. Que se aclare y que los socios voten con toda la información. Y si existieran irregularidades, también deberían conocerse antes de acudir a las urnas. La verdad no la van a dictar los partidarios de unos u otros en redes sociales, en las que estos días todos dictan sentencia a favor o en contra, sin ni siquiera haber tenido acceso a la denuncia. La fijarán los tribunales. Todo lo demás –filtraciones interesadas, teorías sobre conspiraciones o tertulias sobre la biografía del denunciante– es ruido que desvía el punto de mira de lo que realmente importa.