Atacar bien para defender mejor
HABLEMOS DE FÚTBOL
Si es preciso y contundente, el Barça es una máquina imponente; si pierde confianza y actúa con precipitación, se descose sin remedio


- Ricard Torquemada
Periodista
El Barça no ha de cambiar de rumbo, no tendría sentido. Los resultados siempre condicionan los análisis, pero a menudo engañan tanto cuando son positivos como cuando son negativos. Hay muchas maneras de entender este juego y ninguna garantiza ganar más que perder. Hay equipos que priorizan defender bien, reaccionar al rival, protegerse para atacar luego mejor con espacios abiertos; hay otros, entre los que está el Barça por convicción, que deben atacar bien para defender mejor porque su atrevimiento los expone atrás. Es más difícil, pero es más estimulante. Cuando miras ahora al equipo de Hansi Flick, detectas rápidamente que tiene grietas defensivas que penalizan mucho.
El primer impulso te conduce a corregirlo eliminando los riesgos de una línea defensiva tan alta o a sospechar del rendimiento individual de los cuatro de atrás. La segunda reflexión es la falta de ayuda de los que presionan por delante. La tercera, que aún no tiene defensas dominantes en el duelo a campo abierto. Sin embargo, todo esto tiene un origen a veces ignorado. En la primera parte en Girona, el Barça tuvo fases donde atacó con paciencia y juntó al equipo alrededor del balón, lo que activaba la presión tras pérdida más efectiva para apagar el posible incendio. No lo consiguió del todo, pero el primer acoso defensivo y el posterior retorno intenso limitaron las opciones de gol de un rival que se desplegó con acierto y calidad. Además, falló ante Gazzaniga lo mucho que propuso.
En la segunda, se movió más por impulsos y la caída ya fue imparable. A pesar de todo, el plan de Flick reclama ser afilado y atacar la profundidad permanentemente, a veces de manera poco selectiva. Eso genera opciones de gol que cuando no las rematas con acierto, como en Anoeta y Montilivi, no sirven para marcar las diferencias o pérdidas precipitadas sin estar bien dispuesto para la presión. En ese caso, las distancias entre líneas son más largas y se abre la brecha sin remedio. Si es preciso y contundente, es una máquina imponente; si pierde confianza y actúa con precipitación, se descose sin remedio. Cuando el Barça ataca bien, defiende mejor. No es momento de dudar, sino de aceptar el presente para mejorar el futuro.
El milagro del Lens
El Lens quedó fuera de Europa la temporada pasada. Con problemas económicos, en el 2025 traspasó en invierno a Khusanov al City y Danso al Tottenham, mientras que en verano a Diouf al Inter, El Aynaoui a la Roma y Facundo Medina al Olympique de Marsella. Sus fichajes más ambiciosos fueron Baidoo y Sangaré, dos jóvenes pescados en el mercado austríaco. La temporada se presentaba incierta, repescó del Udinese a un veterano talento como Thauvin y encargó el proyecto a Pierre Sage, un técnico destituido en Lyon meses atrás, después de aterrizar dos años antes en el primer equipo como interino desde el fútbol base. Aunque todo fue a bajo coste, ahora hablamos de la revelación europea. El Lens es líder en Francia y ya le ha confirmado al PSG que le disputará la Liga en un cara a cara. Una proeza.

