Periodista

El 'last dance' de Santi Cazorla

El Real Oviedo volverá a jugar mañana en el Camp Nou, 25 años después de su última visita. Aquel ya lejano 27 de mayo de 2001, los ovetenses dieron la sorpresa y ganaron por 0-1 al Barça, aunque aquella victoria no sirvió para evitar el descenso a Segunda. Aquello supuso inicio de una calamitosa racha, tanto deportiva como económica, que llevó al Oviedo, solo dos años después, a Tercera División y a situarse a un paso de la desaparición. En 2003, todos dieron por muerto al Real Oviedo, que se quedó incluso sin jugadores para iniciar la pretemporada, pero la afición le salvó la vida al club azul. Tras la resurección, empezó un largo periplo por los campos de barro, muy lejos del fútbol profesional.

Para explicar todo lo que ha vivido el Real Oviedo entre su última visita al Camp Nou y la de mañana harían falta muchos artículos. La muerte ‘clínica’ del club en 2003, derrotas, crisis económicas, otro descenso, palos muy duros como las muertes de Armando Barbón y de Francesc Arnau… Demasiados disgustos y muy pocas alegrías en estos 25 años. Pero el larguísimo periplo por el barro tuvo un final feliz y el Real Oviedo acabó tocando el cielo de nuevo el pasado mes de junio, tras lograr el ansiado regreso a Primera División. (La gestión posterior al ascenso también merece un artículo aparte…).

El deseado ascenso llegó de la mano de Santi Cazorla, que mañana pisará -posiblemente- el Camp Nou por última vez como futbolista. El asturiano, formado en la cantera del Oviedo, triunfó en el Arsenal, el Villarreal o la selección española, pero nunca había llegado a debutar con el primer equipo azul. Con casi 40 años, decidió regresar de Qatar para demostrar que aún tenía cuerda para rato y con un reto muy claro: devolver al Oviedo a Primera División antes de retirarse. Firmó por el club de su vida asumiendo el salario mínimo y cediendo todos los beneficios de la venta de sus camisetas a la cantera azul.

No lo ha tenido fácil Cazorla en su regreso a casa. Cuando llegó se encontró con un entrenador que no le quería ni creía en él, una situación que parece repetirse ahora tras la llegada de Almada al banquillo del Tartiere. No tiene el físico de otros, pero le sobra clase y talento. Cuando ha jugado, con Carrión, Calleja o Paunovic, ha rendido a un nivel excelente y, pese a ser el ‘abuelo’ de la Liga, sigue teniendo más calidad que la mayoría de jugadores de la categoría. Siempre elige bien, no falla un pase y es un privilegio verle golpear a balón parado con la misma naturalidad tanto con la izquierda como con la derecha. Fue determinante el curso pasado para lograr el ascenso y, esta temporada, en varios de los últimos partidos en los que el Oviedo iba por delante en el marcador, con su presencia en el campo seguramente el desenlace habría sido otro. Pero parece que el técnico no cuenta con él, aunque en rueda de prensa diga lo contrario.

Mañana jugará en el Camp Nou y su situación recuerda a la de la última temporada de Andrés Iniesta, que salía aplaudido de todos los campos -bueno, en todos menos uno- en los que jugaba el Barça. Como el manchego, Cazorla no solo es una leyenda, sino un futbolista querido por todo el mundo. Merece, por tanto, un ‘last dance’ en un estadio como el Camp Nou y una última ovación de la afición azulgrana. Espero y deseo que Guillermo Almada tenga la sensibilidad de darle unos minutos mañana a Cazorla: primero, porque sigue siendo el mejor jugador de su plantilla; y segundo, porque un futbolista como él merece despedirse del Camp Nou sobre el césped, no ignorado por su técnico en el banquillo. Y que el Camp Nou le despida como merece. Ahí estaremos para aplaudir a una leyenda de nuestro fútbol.

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