Podredumbre arbitral

Hace un año escribimos sobre la prostitución del VAR en el fútbol español que, entre la mala fe y la incapacidad intelectual de los que lo manejan, ha mancillado la imparcialidad exigible en lo que ayuda a impartir justicia. El comienzo de 2026 ha sido espectacular. En el primer partido de la Supercopa se pudo ver al madridista Gonzalo (autor de tres goles días antes) intentando romper la tibia a Le Normand, sin que se le aplicara sanción alguna. Pudo jugar la final y marcar un gol al Barcelona, que la ganó, con lo que quedó oculto aquel favor al de siempre. Eliminado de la Copa y sin la Supercopa, al Real no le queda ahora otra opción que la Liga para salvar la temporada y la cabeza del señor Pérez.

En el primer encuentro tras “lo” de Albacete, un especialista como Gil Manzano y el ultramadridista Del Cerro anularon un gol a Fermín por falta previa a Kubo, pero se olvidaron de la misma circunstancia en el primer gol donostiarra, precedido de un agarrón con derribo de Aramburu a Olmo. Y luego, otro gol anulado por un supuesto fuera de juego de Lamine, que recordó el robo de un año atrás, cuando le adjudicaron un 56 de bota a Lewandowski para anularle un gol legítimo.

Histórico es que los árbitros rescaten al club-estado por excelencia. Ellos saben que han de tener contentos a sus superiores para progresar. Atentos, pues, al Villarreal-Madrid de la próxima jornada. En 2017, tras regalarle la victoria al Real con un penalti inventado, Gil Manzano abandonó La Cerámica con una bolsa con el escudo del Real repleta de lo que todos imaginamos. Testigo de ello fue el escandalizado presidente Fernando Roig. Es que ya ni se esconden.

Cargando siguiente contenido...