Un chasco monumental

Opinión

Como impulsados por un resorte, la gran mayoría de los medios madrileños calificaron la derrota del Real, en la final de la Supercopa, contra el Barça (3-2) casi como una victoria. Comentarios como “fue una derrota dulce”, “mereció ganar” e “ir a los penaltis hubiera sido lo más justo”, entre otros, se pudieron leer y escuchar, minimizando así la justa victoria del Barça. Ni acusando al árbitro, de neto color blanco, pudieron justificar el revolcón. Tales consignas se acompañaron con la confirmación de Xabi Alonso en el banquillo, porque “se lo había ganado tratando de tú a tú al Barça”, expresión de clara pobreza argumental.

Menos de 24 horas más tarde, llegó el monumental chasco. Todos esos elogios desmesurados por gratuitos, se convirtieron en desconcierto y desolación. El Ser Superior fulminó al técnico con su dedo flamígero. No fue aquella final una victoria. Fue la derrota que precedió el final de Alonso. Y llegó la división entre los que, avalando la decisión, siguen rendidos a un presidente que parece chochear y los que defienden al técnico por simple lógica futbolística.

Entonces, aquéllos elaboraron el relato: que si el 5-2 del Metropolitano, que el pulso con Vinicius, que la preparación física es insuficiente, que la nula autoridad sobre los egos del vestuario, etc. Todo lo positivo se volvió negativo como por arte de magia. La magia que ejerce el poder absoluto sobre la sumisión absoluta.

La guinda para tapar el desaguisado ha sido un retorno al pasado, al ‘mourinhismo’ que simboliza Arbeloa. Con él se recupera el aplauso fiel y la pegada en todos los sentidos, incluidos los tobillos rivales, porque el fútbol será irrecuperable

Cargando siguiente contenido...