Ya no hablamos tanto de él porque ha dejado de ser una novedad. Hemos normalizado algo que merece ser subrayado. La obra de autor de Flick es ejemplar, no sólo por los resultados, objetivamente sobresalientes, sino por haber construido una identidad futbolística capaz de competir en todos los escenarios con notable éxito.
Desde su llegada, el Barça ha ganado cuatro títulos de los cinco disputados. Le ha ganado tres finales al Madrid, que puntúan más por el impacto emocional que suponen. Y su equipo tiene mirada propia, es muy reconocible. Había cierto escepticismo por su segunda temporada tras el desgaste físico, la tensión táctica y la saturación competitiva del estreno en un grupo muy joven. Sin embargo, está sabiendo manejar el timón para hacer madurar al equipo a gran velocidad. Los focos son para el liderazgo de Raphinha, la dirección de Pedri o el desequilibrio de Lamine Yamal, pero él marca el camino.
Más que un pase atrás
Xabi Alonso tiró del manual de Mourinho que él vivió como futbolista. Aceptó la superioridad blaugrana para intentar limitarla. Paso atrás, cinco defensas, el delantero centro sobre el medio centro rival para igualar tres contra tres por dentro y el talento de Vinicius para transitar. Tan legítimo como discutible en un club como el Madrid, que debe decidir qué quiere para hoy y para mañana. En el presente, hace semanas que sólo piensa en sobrevivir el próximo capítulo, ya sea con victorias tristes o derrotas dignas. Ayer cayó el técnico que exprimió el gen competitivo de la plantilla, simplificó el plan y se movió en una austeridad exagerada. Pan para hoy, poco alimento y hambre para mañana. Él ganaba tiempo a la espera de un punto de inflexión que no llegó, el Madrid lo perdió. Y ahora aterriza Arbeloa.
El año pasado nos enamoró la emoción que transmitía un equipo que quería conquistar el mundo, ahora está madurando. Está aprendiendo a equilibrar el vértigo con el control, el ejercicio de plantar la línea defensiva arriba con el retroceso cuando está en desventaja defensiva para no quedar tan expuesto. Aún está en proceso de mejora, no ha conseguido su versión más óptima, pero sabe dónde quiere llegar. Este Barça sólo tiene un año y medio de vida, la mayoría de sus futbolistas tienen más futuro que presente, por lo que es natural que el rendimiento tenga curvas y baches. Estamos tan acostumbrados a tener lo que queremos al momento, que la impaciencia nos devora.
Tras la dolorosa derrota ante el Chelsea, Flick nos avisó que irían pronto para arriba. Y no se equivocó. El Barça puede jugar mejor o peor, ser más o menos preciso, conceder demasiado atrás donde falta autoridad defensiva, pero no engaña a nadie. Sus convicciones futbolísticas son indiscutibles, lo que hace más sencillas las correcciones. Todo esto lo acompaña de una habilidad natural en la gestión de la plantilla, donde tanto alimenta la competencia en algunas posiciones, como encuentra el sitio y el momento para cada uno de los protagonistas. El Barça mientras viaja, gana. Nada fácil. Made in Flick.
