El Barça que quema

El Barça que quema

Periodista

Más de uno estará irritado por este Barça que sin estar tan sublime como en otros años, arrolla a sus rivales hasta en su propia casa. Es como el Kema, un restaurante de Cambrils, que está teniendo un gran éxito que parece que todos sus menús llevan todos esos sabores que el Barça de Flick provoca cuando ataca con el ardor que lo hizo en La Cartuja ante el Betis. Es lo que persigue el técnico alemán. Un equipo que liquide a su rival en la primera parte si puede ser, dar descanso a los cracks y esperar el próximo plato. Como los de Kema. Venga, a disfrutar de la comida, de sus carnes, de su pan y también del vino especial que ha preparado su dueño, que fuera hay más gente con ganas de jugar el mismo partido.

En Sevilla, el Barça no jugó, desayunó, comió y cenó como todo un señor. Hizo lo que quiso. Puede que sea criticable dejar que el rival llegara a reducir la ventaja de 1-5 a 3-5. Puede que eso a Flick le resulte amargo, cuando seguramente él hubiera deseado que su equipo pidiera otro plato de cinco goles, que degustara una goleada de campeón y exhibiera un poder que en este momento no parecía convencer a su masa social.

Toca ver hoy en la Champions si el equipo continúa con el hambre que sintió ante el Betis. Esta vez es casi que una imposición o una obligación ganar, pero también por muchos goles. Necesita el Barça una exhibición que lo devuelva a las primeras páginas del fútbol europeo. El público espera un Barça ardiente, que mantenga el calor de este Sol que en plena época invernal parece que quema.

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