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Lo peor del Barça en Brujas no pasó en el campo de fútbol

Es fútbol. No se puede ganar siempre. Y menos si menosprecias a un equipo belga que le ilusiona tanto jugar contra el Barça, que se va a comer el césped para disputar el partido de su vida. Menos aún si te faltan los dos porteros titulares, si no tienes a Pedri, si nadie rasca como Gavi y si Raphinha, que cree que merecía el Balón de Oro, anda de recaída en recaída. El nuevo formato de Champions permite estos resbalones y te pone la red de seguridad de una repesca, de dieciseisavos, que te permite un empate tonto ahí donde calculabas ganar. Lo peor del Barça en Brujas no fueron los tres tantos al contragolpe, ni los despistes después de cada gol marcado, ni el puntito sumado… La imagen del Barça queda dañada, en Europa, por ese autobús público de Brujas quemado por un aficionado culé. 

Desde Basilea, en 1979, la marcha de barcelonistas siempre ha tenido buena prensa, por ejemplar, tranquila, familiar y nada barriobajera. Las pocas excepciones de radicales que han avergonzado al club y a sus consocios, en desplazamientos y en finales, no han hecho más que confirmar la regla. La del buen comportamiento como norma. 

Ahora, la junta directiva no puede reñir a la disuelta grada de animación. ¿Quién pagará ahora la multa que le impondrán por la quema de este autobús lanzadera? La policía detuvo al presunto causante del incendio, provocada por una bengala. Según la SER, el individuo es un peñista que ya no es socio del Barça. La pena se pagará con dinero. Pero el coste de ver esta imagen en la prensa y en las televisiones europeas es, a nivel de reputación, mucho peor que ver a Szczesny recogiendo balones del fondo de las mallas, uno tras otro. No se debería volver a repetir.

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