
Que todo pase por Lamine
El Clásico no tiene nada que descubrir. Es un partido que trasciende generaciones, estados de forma y favoritismos. Aunque el Barcelona llega en mejor situación, el fútbol no son matemáticas: hay que correr, luchar y estar metido.
Como dije a principio de curso, vamos a echar de menos a Iñigo Martínez. Transmitía seguridad, ordenaba la defensa, imponía sin necesidad de levantar la voz. Fue clave en las victorias de la temporada pasada y generoso que hacía mejores a los mejores. Ojalá quien ocupe su lugar esté a la altura del desafío.
Lo curioso es que no está ambientado el Clásico. Antes se respiraba en el aire desde días antes: tensión, ruido, declaraciones cruzadas. Ahora, nada de eso. Solo hasta que Lamine Yamal lo ha calentado un poco, quizá más de la cuenta. El chaval ha pecado de inocente. En lugar de hablar, donde debe hacerlo es en el campo, con tres goles si hace falta. Ahí es donde se gana el respeto.
Porque todo lo demás –si el Madrid roba o se queja– da igual. Lo único que tiene que pensar es: “Yo os voy a callar el domingo”. Y hacerlo. Hablar en el campo, con la pelota. Hasta ahora, Lamine lo ha hecho, pero ha compartido protagonismo con Raphinha. Sin el brasileño, el escenario es suyo. Es el momento de dar un paso al frente. Yo lo tengo claro: todo debe pasar por la banda de Lamine. El juego, las ocasiones, la chispa. Que provoque, que reciba faltas, que fuerce penaltis y, sobre todo, que marque. Si el balón pasa por Lamine, el Barça tendrá mucho que decir.