Hace años que el fútbol profesional de primer nivel se ha ido alejando de los aficionados por culpa del dinero. Es una industria que no tiene fin. Una rueda que gira sin parar y que hace saltar a muchos del barco. Los ejemplos más recientes son llevarse la Supercopa de España a Arabia o el Villareal- Barça de LaLiga de diciembre a Miami. Incluso el cambio de formato de la Champions ha sido provocado por la amenaza de la Superliga y básicamente porque los clubes más importantes de Europa querían ganar más.
El fútbol de élite ya no es para los aficionados de toda la vida. Los estadios se están convirtiendo en un parque de atracciones, en un escaparate para los viajeros internacionales que tienen un mayor poder adquisitivo y están dispuestos a pagar lo que haga falta para ver una vez en la vida un partido en el Camp Nou o en el Bernabéu. Esta es la prioridad y por eso hay muchas más zonas VIP con experiencias que ofrecen de todo con el partido como excusa. El negocio hace años que está por delante del propio fútbol y la gran mayoría de la sociedad no se puede permitir pagar un carnet de socio de un gran club o una suscripción a alguna plataforma con derechos televisivos.
Por eso, últimamente se ha revitalizado el amor por el fútbol modesto. La gente ha vuelto a los orígenes, a la esencia de lo que era este deporte y a disfrutar del club de su ciudad o barrio. Equipos que en su día fueron grandes y que ahora transitan por categorías inferiores, pero que mantienen esa proximidad. Un fútbol que te reconcilia porque es familiar, cercano, pasional y accesible. ¿Qué fútbol les gusta más?