La gente sabe de fútbol. No es de extrañar que Fermín y Casadó se pusieran a la afición del Barça en el bolsillo, se ganasen la admiración de Hansi Flick, abriesen los ojos de Luis de la Fuente y, hoy, las direcciones deportivas de clubes de las ligas más importantes piensen en los dos canteranos del Barça para reforzar sus respectivos centros del campo.
Fermín y Casadó marcan las diferencias porque rascan como pocos, porque su esfuerzo es constante durante 90 minutos, porque siempre son capaces de hacer un sacrificio de más, porqué después de un fallo aprietan los dientes para hacer que la siguiente jugada sea mejor, porque combinan ambición y hambre a raudales. Estas virtudes son cuestión de actitud. Pero la colocación perfecta, el tacto en el pie, la forma de girar el juego y el ADN Barça en la cabeza les convierte en apetecibles para todos los entrenadores con buen gusto.
Además, Fermín es un gran llegador, un goleador y más líder de lo que las circunstancias en el Barça le permiten. En el primer año con Flick, Fermín intervino en 46 encuentros de 60 posibles. Casadó participó en menos encuentros (36) pero, por minutos jugados, estuvo en el once ideal del entrenador. Fue un año donde Bernal se lesionó al segundo encuentro y donde Gavi fue reapareciendo poco a poco.
Ahora, con Raphinha optando a la media punta, junto a Olmo y Gavi, habrá más competencia para el puesto de Fermín. Ahora, con Bernal, De Jong, Pedri y Gavi como candidatos al mediocentro, Casadó quizá dispondrá de menos oportunidades. Sabedores de ello en la Premier League han empezado los rumores y los cantos de sirena sobre Casadó y Fermín. Ambos quieren seguir en el Barça, el Club de su vida. Y Flick los quiere con él.
