Marzo nos acaba de traer un eclipse total de luna en sangre y se espera otro de sol para final de mes. Los astros andan revueltos y el fútbol también. Colea la polémica del penalti anulado a Julián Alvárez y esa 'fortuna' que siempre cae del lado merengue. Estrellas como Vinicius fallan penas máximas por su soberbia y astros como Simeone se condenan por su racanería táctica. Tal vez, su brillo empiece a eclipsar tarde o temprano porque el universo del fútbol también tiene su orden. Me gustaría que ese modelo de Florentino Pérez y de algunos jeques árabes, basado en el poder del capital y las estrellas rutilantes, eclipsara del todo, pero me temo que esa es una quimera tan lejana como llegar a la vía láctea.
Mientras tanto, el Barça debe andar a lo suyo, enfocado en la victoria y la solidez de un juego, que en Lisboa mostró el sabio aprendizaje de saber contener mediante la circulación de balón hasta dormir el partido. Aquí estrellas como Lamine y Pedri brillan con la intensidad de una supernova. ¡Qué gol del joven delantero! Su gesto emuló al guante de seda de Maradona. Los ciclos vienen y van. Todavía no se ha ganado nada y el camino es espinoso, con la visita al Westfalenstadion, el Atlético esperando en la vuelta de la Copa y una Liga que será disputada y discutida en el VAR. Todo puede pasar, pero es incuestionable que el Barça ha salido de su agujero negro para entrar en un nuevo ciclo.
Algún día los títulos volverán y podremos decir que “llegamos a ver naves en llamas más allá de Orión y el brillo en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser…”.