El portero

Albert Camus, en una entrevista después de recibir el Premio Nobel en 1957, decía que todo lo que sabía de la moral y de los hombres se lo debía al fútbol. Camus, como Szczesny, también fue portero, además de brillante y existencial escritor. Sin duda, los porteros son gente especial. Héroes trágicamente solitarios que suelen cargan con la culpa en las derrotas y son olvidados en las victorias. Sin embargo, los grandes equipos se sostienen siempre desde el portero.

Aquí en Can Barça, siento decirlo, nunca hemos tenido demasiada idea de lo que es un buen arquero. La gente no lo recuerda, pero aquí le dijimos que no a Courtois cuando quería venir y nos hemos enamorado de porteros tan limitados como Artola, Hesp o el propio Víctor Valdés

No lo voy a ocultar, pero yo, como mi padre, quien murió hoy hace cinco años, soy exigente con los cancerberos. Me gustan de línea clásica, con envergadura, buenas salidas por alto, con carácter y que manden en el área. El juego con los pies y el uno contra uno, no me interesan. La edad o que un portero fume me puede hasta gustar porque demuestra experiencia y carácter. Ahí están gente extravagante como Higuita, Cañizares o Keylor Navas, y otros más contenidos como Zamora, Iríbar o Zubi.

No dejo de admirar a Flick y esa capacidad de mando que tiene. El equipo sabe quién decide y su elección por el polaco, ha cambiado la dinámica de resultados, digan lo que digan. Es más, si tengo que escoger, me gusta más ‘Tek’ que el propio Ter Stegen, un jugador con unas estadísticas nefastas en las grandes citas de la Champions.

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