En este complejo negocio del fútbol, donde abundan los truhanes, ¿a quién no se la han metido doblada alguna vez con un jugador brasileño? Hasta al bueno de Minguella, el hombre que trajo al Barça a los mejores futbolistas de su historia (desde Maradona a Messi, pasando por Stoichkov, Rivaldo o Romario), alguien le debió levantar la camisa, cuando en su condición de asesor presidencial, le recomendó el fichaje de Rochemback a Joan Gaspart. Con el caso de Vitor Roque hemos vivido el penúltimo episodio de engaño con un supuesto crack brasileño. La innecesaria llegada del ‘Tigrinho’ significa un lunar en la buena gestión que viene llevando a cabo Deco al frente de la dirección deportiva del club, especialmente por lo que respecta al blindaje de los jóvenes talentos surgidos de la factoría de la Masia. Conocedor de primera mano de lo que se cuece en el fútbol brasileño, se dejó seducir por André Cury, que recién había cesado como asesor a sueldo del Barça en su país, después de haber endosado verdaderos saldos como lo fueron en su momento Henrique y Keirrison, por los que se llegaron a pagar veinticuatro millones por sus traspasos y que ni llegaron a debutar. En el caso del segundo, ni tan solo fue presentado.
Los sospechosos antecedentes de su representante pesaron como una losa sobre la credibilidad de la conveniencia del fichaje de la joven promesa del Athlético Paranaense, con el que venía de llegar a la final de la Copa Libertadores y por el que se pagaron treinta millones de euros fijos, más treinta y uno de variables.
Para nada tampoco le acompañó su incorporación en el mercado de invierno, con la temporada iniciada. La evidente falta de rodaje lo puso en desventaja ante Xavi a la hora de incluirlo en el equipo, con el que marcó únicamente un par de goles. Ni tampoco tuvo el paso previo de adaptación por alguna liga de segundo orden que le sirviera de adaptación. Algo que hicieron en Holanda y Francia, cracks de la talla de Romario, Ronaldo y Ronaldinho, antes de consagrarse como jugadores blaugrana.
Poco convencido de sus posibilidades, Flick accedió por la cesión al Betis, para que el ‘tigre’ ganase en la intensidad que se requiere para jugar con una marcha más en Europa. Pero en el efímero paso por el Benito Villamarín tampoco obtuvo la confianza de Pellegrini. A pesar de ello, Palmeiras apuesta por un retorno por la puerta grande a Brasil, donde con los veinticinco millones desembolsados alcanza una cifra récord en la historia de los de Sao Paulo. Una cifra recibida como agua de mayo en la necesitada tesorería barcelonista, que cierra la operación con el consuelo de no haber salido perdiendo dinero en la ingeniería financiera de una negociación a tres bandas
Tras un nuevo fiasco, solamente cabe preguntarse el tiempo que transcurrirá para que el Barça vuelva a caer en las redes persuasivas de Cury. Pero habrá que esperar que cuando suceda no vuelva a ser durante un mercado de invierno que tanto incomoda a los sobredimensionados futbolistas brasileños.