No parece un jugador estructural en el Barça de Flick. No da la sensación que el plan dependa de él. Es más, el técnico le ha dado descansos regularmente y el Barça no se ha descosido. Además, los futbolistas periféricos parten desde el prejuicio de ser menos influyentes que los internos. Sin embargo, el invento necesita a Balde para aspirar a la mejor versión. No sólo ahora, ya con Xavi en el banquillo.
Su exuberancia física le permite acaparar dos roles, el de lateral y el de extremo. La banda izquierda es suya. Defiende atrás y aporta profundidad exterior, lo que concede libertad a Raphinha para jugar el dos contra dos por fuera o desplazarse a zonas más interiores, ya sea para combinar o para romper al espacio con desmarques enfocados a portería. A pesar de que Gerard Martín o incluso Héctor Fort han asumido el papel con buena nota en esa banda, Balde marca diferencias por su explosión. Pocos jugadores en el mundo tienen su aceleración, arrancada y cambio de ritmo, lo que le concede ventajas para tapar su lógica inmadurez futbolística.
Seguramente llama mucho más la atención su imprecisión técnica porque le cuesta frenar y tomarse la pausa imprescindible para ser preciso o incluso sus dificultades en la toma de decisiones, especialmente en el último tercio de campo, pero es un futbolista de valor incalculable y silencioso para el Barça. Cuando la salida se encalla, su cambio de dirección y ritmo elimina con facilidad un oponente para mejorar el contexto ofensivo; si cierra demasiado en defensa, un hábito frecuente, su potencia le permite corregir el espacio descuidado; si participa en las transiciones, el equipo vuela a máxima velocidad. Es decir, es una fuente constante de ventajas en el juego, aunque a veces las desaproveche porque no acierta en el siguiente paso o porque su cabeza y sus pies no van al mismo ritmo. Nada que no pueda mejorar con minutos, partidos y quilómetros. Tampoco lo parece, pero ya ha dado seis pases de gol esta temporada más el que le marcó al Madrid en la final de la Supercopa.
Flick lo cuida mucho porque Balde es gasolina para el plan. Ya hace días que es presente, pero nada que ver con lo que llegará a ser en el futuro.
La resurrección de Antony
Siempre es una alegría ver cómo un talento marchito vuelve a florecer. El caso de Antony en el Betis es sonado. El extremo brasileño cautivó al mundo en el Ajax. Su desequilibrio, imaginación y creatividad no tenían límite. Era el clásico regateador brasileño, lo que le llevó a la selección para jugar el Mundial. Su traspaso al United hace dos temporadas lo fundió poco a poco, como les ha pasado a otros futbolistas. Este invierno apareció el Betis en su vida y los primeros pasos son brillantes: tres goles en cuatro partidos, los mismos que marcó en 38 partidos con el United la campaña pasada. Veremos si puede confirmar el flechazo inicial, pero la nueva línea de mediapuntas de Pellegrini es excitante: el joven Jesús Rodríguez, la dirección de Isco y el renacimiento de Antony. Para disfrutar.
