Que el Barça de Hansi Flick era un equipo vertical, intenso y divertido de ver, ya lo sabíamos. Con los primeros partidos de su etapa como entrenador azulgrana tuvimos una ligera idea del espectáculo que podría ofrecer. El inicio de temporada fue fulgurante con goleadas ante Valladolid, Girona, Villareal o Young Boys, entre otras. El técnico alemán ha convencido a una plantilla plagada de adolescentes descarados (que generan mucha ilusión para el futuro), y a algunos veteranos ilustres (que parecen otros jugadores respecto la temporada pasada), para que jueguen a un ritmo frenético, tirando la línea de fuero de juego en el centro del campo y asumiendo el riesgo que eso conlleva. La apuesta le ha salido bien.
Lo único que llegó a generar alguna duda era comprobar si este fútbol se podía aguantar ante rivales de entidad o en grandes escenarios europeos. Pues prueba superada, también. El Barça completó la semana mágica en octubre metiéndole 4 goles al Bayern de Múnich y 4 más al Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Y cerró el círculo el miércoles en el estadio del Borussia Dortmund completando un partidazo y marcando 3 goles más ante el vigente subcampeón de Europa. Por eso el Barça es el equipo más goleador de la Liga, con 50 goles en 17 jornadas, y de la Champions, con 21 goles en 6 partidos. Además, en 13 de los 23 partidos que llevamos se han marcado 3 goles o más. Una barbaridad.
Estamos a punto de llegar al ecuador de la temporada y lo que seguimos viendo tiene buena pinta. Más allá de algún mal partido, las sensaciones siguen siendo inmejorables. El Barça tiene una de las plantillas más jóvenes de Europa, pero poco a poco se está haciendo grande y empieza a asustar.