Si el partido de cuartos entre España y Alemania batió récords de audiencia televisiva, lo de hoy con el pase a la final en juego, puede hacer reventar los medidores. España se juega el pase a la final contra Mbappé, el nuevo galáctico de Florentino, el jugador destinado a levantar no pocos balones de oro pero que, por ahora, no ha dejado constancia de su talento en la Eurocopa.
Mientras Mbappé sigue enmascarado, con la nariz rota, Dembélé se ha convertido en el extremo francés que más desequilibra. Como titular o de suplente, nunca sin una mala cara, se va de todos los laterales, por dentro o por fuera. Ante Portugal, su compañero de equipo Nuno Mendes, terminó mareado intentando seguir a un Dembélé en estado de gracia. Fue elegido MVP del partido de cuartos de final y, sus compañeros, la agasajaron y bromearon con él durante el ‘flash-interview’. En el vestuario, corearon su nombre, le hicieron bailar y él era feliz. En las entrevistas, Fofana dice que Dembélé cohesiona el grupo, que cada vez que abre la boca, todos se ríen.
En el Barça también era así, aunque algunos compañeros le señalaban públicamente por sus fallos, dentro y fuera del campo. Jamás perdió la sonrisa, superó lesiones muy graves, ganó tres Ligas en seis años, y Laporta le vendió al PSG por 50 millones, cuando tenía una cláusula de 100. Profesional, sin ningún espíritu de venganza (solo faltaría), Dembélé eliminó al Barça de la Champions. Marcó en París y en Montjuïc, cuando mejor lo tenían los de Xavi. En una temporada más que notable, no obstante solo ha metido 6 goles. Y dos fueron al Barça. Sería mala suerte que hoy, ante Cucurella, Dembélé volviese a ver puerta.


