El Barça se ha encontrado con un pedrusco en el zapato en forma de ‘espantada’ de Dembélé. Con una cláusula que permitía salir por 50 millones (con la mitad para él y su agente) a 31 de julio, en el Barça ya estaban escamados y se supone que preparados. Es la obligación de toda área deportiva que se precie, estar prevenida por si salta la liebre o te pica el mosquito, como ha sucedido.
Sin Dembélé el Barça pierde a un jugador diferencial, con toques de genialidad. Sin continuidad ni regularidad, pero capaz de decantar un partido. Ahora se debe buscar eso y, si se puede, mejorarlo. Y el hombre es Bernardo Silva. El portugués, sin ser extremo, tiene una gran capacidad para driblar y sin ser un punta puede marcar los mismos goles o más que el francés y dar muchas asistencias. Además, a nivel físico es muy resistente y cuando tiene que ir fuerte a las presiones o cortar el juego, lo hace sin remilgos. Que le pregunten a De Paul en el último amistoso City-Atlético quien le metió dos ‘palos’ a tiempo para frenarle.
Para ir a Montjuïc hacen falta alicientes y sin Dembélé se pierde uno. A Bernardo iría la gente a verlo. Además, le daría a la plantilla un sello Champions indiscutible para una columna vertebral de campeones formada por Ter Stegen, Christensen, Gündogan, él mismo y Lewandowski. Además, tiene la palabra de Pep Guardiola de que le dejará irse si se lo pide y eso es oro puro. Pero para que se lo pida hace falta que en la piscina haya agua para lanzarse. Y rápido porque Bernardo es un tipo serio. No puede esperar mucho más.