Después de una semana siendo objeto de debate nacional era de esperar que los ya famosos audios entre Rubiales y Piqué apareciesen en el Real Sociedad-FC Barcelona, primer partido de Piqué tras la polémica.
La grada del Reale Arena recibió con una sonora pitada al central azulgrana cuando sonó su nombre por megafonía al inicio, cuando se cantaron las alineaciones de unos y otros contendientes. Los sonidos de viento, que en otros estadios como el Bernabéu son “música celestial” para Piqué -así lo confesó él mismo en el pasado- siguieron cuando el defensa tocaba el balón.
Como si no se tratase de la víctima de un robo y de la vulneración de uno de los más sagrados de los derechos, el de la intimidad, Piqué tuvo que escuchar una y otra vez las reprobaciones de un respetable que le manifestó su disconformidad con la intermediación en organizar la Supercopa y el dinero que legalmente su empresa se embolsó por la gestión realizada.
“Llama a Rubiales, Piqué llama a Rubiales” fue un nuevo hit musical que se estrenó en el antiguamente llamado Anoeta y que todo apunta a que se escuchará en algún que otro campo en lo que resta de temporada.
Hasta ahí, todo respetable. Pitidos y cánticos sin faltar al respeto. Lo que no es admisible es lo que ocurrió mediada la segunda parte, con el lanzamiento de objetos desde uno de los fondos con el defensa azulgrana como objetivo. Piqué, que miró desafiante a los responsables de semejantes acciones antideportivas y estas sí fuera de lo legal y reglamentario, supo abstenerse del ruido ambiental para cuajar una magnífica actuación sobre el terreno de juego.
“Esto me da para seguir dos años más”, decía el propio futbolista en su Twitch para dar explicaciones mientras que su entrenador, Xavi Hernández, que le conoce bien, confesaba en rueda de prensa el día antes del partido que “esto le da gasolina, le da adrenalina, es como una droga en el buen sentido”.
El último esfuerzo del público para castigar a Piqué llegó en el minuto 82 de partido, cuando después de una excelente hoja de servicios y de rendir a un gran nivel a pesar de arrastrar molestias en gran parte del partido, Gerard abandonó el campo entre una sonora pitada.
Capaz de levantar amor y odio a partes iguales, Piqué conservó el foco hasta una vez sustituido, con varios planos de la realización a cómo vivió los instantes finales. Un foco que parece difícil que deje de alumbrarle durante un tiempo. Y a tenor de su rendimiento, que dure.
