Un Clásico para crecer”, decía la portada de Mundo Deportivo del día del Clásico. Sin duda era el gran objetivo de un partido enorme pero muy condicionado por el abismo clasificatorio existente entre ambos. El Barça creció y de qué manera. No solo lo hizo, sino que, con personalidad y estilo, jugó como un gigante mientras empequeñecía a un Real Madrid que rozó el ridículo ante su afición. Una nueva noche histórica del Barça con momentos de chorreo ante un equipo derrumbado en Chamartín que provocó que, buena parte de la hinchada empezara a desfilar rumbo a casa cuando se certificó el 0-4 con cierto suspense.
En su primer Clásico liguero, Xavi le comió la tostada a Ancelotti desde el planteamiento inicial. Mientras que el italiano quiso cubrirse un poco con la presencia de un cuarto centrocampista, Xavi, que se la jugó por Araujo y acertó hasta con su gol, salió a sacar el balón desde atrás, con personalidad y atacando unas vulnerabilidades que tenía muy bien estudiadas. El partido en el Bernabéu volvió a evidenciar que el equipo ha mejorado mucho defensivamente. La opulencia ofensiva con la llegada con Aubameyang, Ferran, Adama y el renacido Dembélé, está eclipsando, la que, en realidad, es la clave de la gran mejora del equipo: la fase defensiva, con un equipo más corto que consigue contener a los rivales con enorme solvencia.
Los triunfos en Villarreal, Nápoles, y contra el Atlético, evidenciaban que, dos años después, el Barça era capaz de volver a competir y ganar contra rivales de entidad. Faltaba la certificación que llegó ayer en el mejor escenario posible, el fastuoso nuevo estadio del eterno rival. Un partido enorme del nuevo Barça de Xavi, que vuelve a competir y ganar ante los grandes. Joan Laporta podría volver a colocar su pancarta, actualizada “Me encantó volver a veros”.