Una grada que acabó abrazada a su equipo ante un Leganés que pensó que estaba en casa

ATLÉTICO DE MADRID

Aquellos que acuden habitualmente al Metropolitano, saben que el estadio del Atlético de Madrid tiene su propia banda sonora.

Simeone responde a Samu Omorodion: "No quería estar en el Atlético". 

La vista del Metropolitano, estadio del Atlético de Madrid.

La vista del Metropolitano, estadio del Atlético de Madrid.

MD

Aquellos que acuden habitualmente al Metropolitano, saben que el estadio del Atlético de Madrid tiene su propia banda sonora. En el caso del coliseo colchonero es el de una atmósfera que le acerca a los campos de Sudamérica. Siempre se ha dicho que la afición colchonera es la más ‘argentina’ por así decirlo.

En los últimos años, el ambiente del Metropolitano fue uno de esos factores que impulsaron precisamente al equipo en muchos partidos. En los peores momentos, en los más complicados, la animación de la grada empujó a los de Simeone.

Por todo eso, lo vivido en el choque ante el C.D. Leganés fue más extraño si cabe. El ambiente del estadio de San Blas era extrañamente silencioso, ajeno a la algarabía, el jolgorio y los cánticos habituales. Por momentos parecía que el cuadro pepinero jugase en casa porque los más de 500 aficionados de los blanquiazules sí que aprovecharon la ocasión para hacerse oír.

Especialmente extraño resultaba para los oídos locales escuchar el ‘Un Giorno All’Improvviso’ de Clementino, versionado por los rojiblancos y otros grupos, con la letra del cuadro pepinero. Y no sólo, el ‘te quiero Atleti’, cambiado por ‘te quiero Lega’…

Le costó casi 20 minutos al Metropolitano despertarse. Algunos tímidos ‘Atleti, Atleti’ que interrumpían el desangelado ambiente local. En ese momento, la grada parecía darse cuenta y se cantaban varias veces el himno, además de alguna otra consigna. Simeone había dicho en la previa que había otros 50.000 que sí que iban a estar en la grada, a diferencia de los 5.000 de la zona sancionada por los incidentes del derbi contra el Real Madrid.

Algún 'madridista el que no bote', pero sobre todo una extraña sensación de que todo estaba frío, la grada, el equipo... Ni siquiera el obús de Neyou que ponía por delante al Leganés en el 34' despertaba al aletargado estadio. Algún tímido silbido, pero sobre todo resignación. 

Una resignación que por momentos se convertía en enfado ante la inoperancia de la primera mitad colchonera, con apenas un par de ocasiones, discretas, que echarse a la boca. 

No había ninguna referencia del resto de la grada a los ausentes, a la sanción ni nada de eso. La cuestión respecto al ambiente del Metropolitano, vivido lo vivido ante el Leganés, es valorar qué pesa más en la balanza -si la atmósfera del estadio y algunas iniciativas; o si hechos como los vividos en el derbi o episodios anteriores en otros ámbitos-. 

El Atlético se marchó pitado por la grada tras una primera mitad muy floja. Y la cosa se animó en la segunda mitad, cuando el equipo colchonero sí que apretó a su rival y comenzó a generar ocasiones. Y que se reactivó definitivamente tras el gol de Sorloth, haciéndose más presente.  Hasta que estalló en esa banda sonora y ese ambiente más familiar, cuando Giuliano salvaba un balón casi imposible, la ponía en el área, para que Griezmann pusiese el 2-1.

Simeone pedía a la grada que animase, y ésta respondía cantando el himno, silbando y apretando. Y la grada se comió literalmente a Munuera Montero cuando al colegiado se le fue la cabeza y quiso expulsar a Griezmann por una entrada que en la revisión se vio que era poca cosa. El colegiado acabó siendo el factor que terminó por al final a la orquesta de la afición, que acabó abrazada al equipo, como si nada hubiera pasado. 

PANCARTAS Y SILBIDOS

Como parte de la sanción la Federación obligó al Atlético a poner una pancarta con un mensaje en el que el club se posicione contra la violencia y el racismo. Y el propio equipo colchonero optó por incluir la campaña por un fútbol sin violencia y con valores que lleva desarrollando desde hace un año. Bajo el título ‘El fútbol que queremos. We love football’, una enorme lona se veía en el fondo sur, destacando sobre el vacío de los asientos, habitualmente llenos.

Poco después de que los jugadores del Atlético de Madrid se retirasen al vestuario tras calentar, se locutaba por los altavoces del estadio el mensaje en contra de la violencia, el racismo y a favor del respeto, que fue ampliamente pitado por el estadio a cuenta de lo sucedido tras el derbi. 

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