Oportunidad perdida. Esta es la lectura a bote pronto que dejó el partido de ayer ante el Mallorca. El Athletic desaprovechó la ocasión de haber distanciado un poco más al Villarreal después de la derrota sufrida por los amarillos el sábado en Mendizorrotza, aunque es verdad que el equipo de Marcelino tiene todavía un partido pendiente.
Todos los encuentros que llegan después de jugar en Europa son complicados. Tiene que ser difícil cambiar de chip en solo tres días con la adrenalina de un partido continental como el vivido el jueves en el Olímpico de Roma, con muchos cambios en el once y casi todo el mundo, incluido el vestuario, pensando en la cita de vuelta ante los italianos, el partido más importante de la temporada hasta el momento.
El conjunto rojiblanco mantiene una buena distancia con el sexto clasificado, pero parece claro que este tipo de encuentros no se debieran escapar para asegurar una plaza de Champions.
El equipo pagó el choque jugado en Roma y además el Mallorca supo hacer su partido, un partido trabado, con pocas opciones para los delanteros, especialmente en la primera mitad con 0-0 en el marcador.
Capítulo aparte merece el ambiente enrarecido que se vivió en San Mamés antes del descanso, con parte del público pitando a otra parte. Nadie podía imaginar una situación así a comienzo de curso ni en una temporada como la actual con el equipo rindiendo a un nivel. El jueves tiene que haber una tregua. Es imprescindible.