No soy mucho de creer en milagros, en espíritus o en predicciones astrales, pero tras el paso de los años, algunas cosas no te las explicas sin cargárselas a algún ente inmaterial. Visto el año con distancia ‘nocheviejentera’ intuyo dónde ha estado buena parte del éxito de este ‘Athletic valverdiano’ y el factor suerte quizá fue más importante de lo que parece.
Me viene a la memoria la estancia de Iñakitxu -denominación derivada del cariño que le profeso- con su selección en la Copa África. La afición deseaba que eliminaran a los ghaneses para que el delantero llegara sano y salvo a Bilbao. Cuanto antes. El Athletic se enfrentaba en dos días con el Barça en San Mamés, en cuartos. Los ordenadores y los teléfonos echaban fuego. Ghana era eliminada, Iñaki parecía ileso y un vuelo especial le iba a acercar a Euskadi. Miles de personas rastreaban el viaje y confirmaban la noticia. El mayor de los Williams entrenaba sin novedad en Lezama, pero estaba agotado, física y mentalmente.
Ay, que no llega a la cita. Pues ante la sorpresa de casi todos, Iñakitxu jugó, el Athletic firmó una remontada épica y nuestro héroe fue el encargado de anotar el tanto del triunfo. Premoniciones al margen, ahí creo que estuvo el epicentro del éxito posterior. El plan de Valverde funcionaba y los astros nos sonreían también. El equipo se lo creyó del todo. Había madera, hagamos fuego, pues. Un año más tarde vemos los resultados, las certezas. Puntos, puestos y título. Inconmensurable. Sigamos creyendo, hay madera de sobra.


